Una propuesta para conocer una Asunción escondida

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La Bienal de Asunción está en sus últimos días. Culminará el sábado 31. Durante un mes ha tomado centros culturales, galerías, lugares públicos y casas abandonadas de diferentes lugares de Asunción.

Más que nada ha propuesto una nueva mirada a la ciudad.

Frente a la librería San Cayetano, en Herrera esq. Estados Unidos, está uno de los carteles de la Bienal Internacional de Asunción. Entramos allí para ver qué obra de arte está en exposición y nos encontramos con una serie de libros plegados en forma de corazón, realizados por la artista norteamericana Annie Strader, y que están distribuidos entre los libros en venta.

La obra es muy sencilla, pero su verdadero objetivo es manifestar el amor por los libros. Luego, uno se da cuenta de lo hermosa que es la librería con sus viejas ediciones, en lustrosos anaqueles de madera maciza en una construcción tal vez centenaria.

La BIA, más que presentar propuestas artísticas, ha llamado la atención sobre lugares importantes, pero desconocidos de la ciudad. Las instalaciones y exposiciones han servido como acciones de puesta en valor de espacios que deberían ser mejor conservados y respetados.

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Ya desde el spot publicitario que fue lanzado al principio en cines y en las redes sociales se anunciaba este propósito. Contaba en clave de cine negro norteamericano, pero hablado en guaraní, la misión que tenía un detective privado, misión que no era muy clara. Con el tiempo se da cuenta de que lo que debía hacer era descubrir los encantos que tiene la ciudad. Y eso es lo que propone la BIA. A través de las exposiciones nos detenemos a ver lugares por cuyo frente pasamos cotidianamente, pero no pensamos en su importancia.

Así, mediante la bienal hemos podido entrar al hotel Hispania, joya arquitectónica del Art Noveau catalán y que se cae a pedazos. Un inmueble que podría ser un centro cultural o una institución de enseñanza y que está desperdiciado.

También podemos visitar dos obras de Jenaro Pindú. Una es su casa estudio, ubicada en Alas Paraguayas y José de la Cruz Ayala, en el barrio Los Laureles, y que por el estado en que se encuentra parece haber sufrido saqueos. Allí está montada una genial exposición de Félix Toranzos muy acorde al espacio.

El otro es el llamado Castillo Pindú, una construcción inacabada, que ya debe tener unos 25 años, y que está ubicada en Gumercindo Sosa y Guido Spano, en el barrio Herrera. Tiene cinco pisos y varias torres piramidales. Allí hay una muestra de Betina Brizuela sobre imágenes de estructuras arquitectónicas.

Ambos son lugares desperdiciados. Afortunadamente, el estudio Pindú se convertirá en Centro Cultural, pero con los otros lugares, ¿qué pasará cuando pase la bienal? ¿Volverán a cerrarse y a llenarse de alimañas?

En el puerto, en el lugar donde se toma la lancha que va al Mbiguá, también ha sido intervenido. Es un espacio público, pero en total abandono, donde mendigos duermen a la noche e incluso hacen sus necesidades.

Las próximas autoridades municipales deberían tener en cuenta este llamado de atención realizado desde la Bienal. Todo por hacer una ciudad mejor y habitable.

sferreira@abc.com.py