Gilberto Damián Bernal Cantero nació en Itá el 27 de junio de 1977. Es hijo de don Damián y doña Carmen. Sus hermanos son Arminda, Robert, Liliana y Fernando. Casado con Nilda. Sus hijas son María del Carmen, Micaela y Belén.
Militó en un montón de clubes, 6 de Enero de Las Piedras, Cerro León de J. Augusto Saldívar, Independiente de Aveiro, Sportivo Las Piedras, Centro Laspiedrano, Sportivo Iteño, Presidente Hayes, Sportivo Luqueño, Cerro Porteño, Sportivo San Lorenzo, Guaraní, Libertad, Sol de América, Tacuary, General Caballero de Zeballos Cue, Silvio Pettirossi, La Paz FC de Bolivia, Cerro Corá y Juventud Paraguaya. Fue convocado a la selección para amistosos y formó parte igualmente del ciclo Preolímpico Sub 23.
El origen de su apodo. “Es que soy rubio y desde chico me decían Alemán”. Su excompañero Estanislao Struway le cargaba diciéndole que le decían Alemán “por katî”, en referencia al olor que expedía en las axilas, supuestamente.
Cuenta con una escuela de fútbol denominada Semilleros del Futuro (no se esforzó demasiado para ponerle el nombre). De esta manera intenta transmitir los conocimientos adquiridos con los años en el popular deporte. “El fútbol me dio muchas cosas buenas, principalmente amigos”, significó. “En mi momento libre trabajo en la huerta familiar, con mi hermano”, dijo sobre su actualidad.
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Si bien recorrió bastante detrás de la pelota, sus ingresos no fueron significativos. “La verdad que en el fútbol paraguayo no se puede juntar plata; solo te da para vivir bien en el momento”. Su sueldo piso en la máxima categoría fue de 3.000.000 de guaraníes y el techo, 5.000 dólares. “Les ayudaba a mis padres y mandé a construir para mi casa”, mediante sus ganancias. En el interior, el dinero solo alcanza para el sándwich y la gaseosa, en el mejor de los casos. En algunas instituciones, polietileno (“hule”).
Para llegar, tuvo que sufrir bastante. “Me faltaba para comprar botines y vivía en una pensión donde a veces no tenía para alimentarme y comía mango. Era un lugar conocido como Gayoso, sobre 21 Proyectada. Ahí parábamos los jugadores de Presidente Hayes.
El respaldo económico de sus progenitores para adquirir las cosas básicas fue muy importante, al igual que la ayuda que le brindaba Antonio Hidalgo. “Me daba cuando faltaba para mi pasaje”. Es decir una asistencia frecuente.
Momento cumbre de su carrera. “Cuando estaba en Cerro Porteño. Recuerdo que llegué a mi más alto rendimiento y estuve en el plantel con grandes jugadores, como los hermanos Ferreira (Francisco y Virgilio), Struway, Aldo Bobadilla, entre otros”.
Un chico aplicado. “Fui un alumno de promedio 4, responsable, porque si mis calificaciones no eran buenas, no iba a poder jugar al fútbol con los amigos. Esa era la condición, porque el castigo era trabajar con mamá en dar de comer a las vacas”. Dejó el segundo año de formación docente y se recibió de técnico superior en fútbol.
El recreo. “Palito salado o chipita, pan con dulce de leche”, combinaciones que invitaban a complementar con algún refresco, pero “tomaba agua nomás, porque no alcanzaba”. “En la escuela llevaba 1.000’i. En el colegio 2.000, porque la mitad usaba para el pasaje”.
En cuanto a su corte futbolístico, era un laborioso back derecho, aunque una de sus principales características siempre fue su alto grado de autoestima. Considera que en la escala del 1 al 10, llegó a un nivel 6. “Un marcador de punta que subía mucho”. El lector “millennials” se imaginará a un Dani Alves paraguayo, pero no, el voluntarioso defensor iteño era de un estatus más “terrenal”.
Sus principales referentes son Cafú y Francisco “Chiqui” Arce, mientras que los técnicos que marcaron su carrera fueron Luis Cubilla, Gerardo Martino, Saturnino Arrúa, Pedro Evangelista Rodríguez y Éver Almeida. Si con estos “monstruos” no aprendía...
En el 2004 se le subieron los colores al rostro, como dice la canción de Franco de Vita. Su transferencia al fútbol italiano estaba hecha y al pasar frente a la computadora de su representante, Francisco Ocampo, vio el borrador del contrato, aumentando su frecuencia cardiaca. “10.000 euros mensuales, libre de impuestos”, significó. Empezó a frotarse las manos, como diciendo “kóa lístoma, che mba’éma”.
“No me gustaba viajar en avión, tenía mucho miedo”. Pero por semejante suma, muy importante para la época, estaba dispuesto a todo. “No podía comer lo que me servían, ni quería hablar”.
“Fui para fichar por el Venezia, que en ese momento estaba en el ascenso. Mi empresario me mandó tarde, tenía que llegar lunes para firmar contrato y aparecí miércoles. Por eso no me quedé, ambyasyeterei. Eso me jodió mi carrera”.
Tremendo impacto sicológico, porque se imaginaba con grandes presentaciones y triunfos sobre todo de local, en el Stadio Pierluigi Penzo, aunque debió resignarse con volver a jugar en el Roberto Bettega de Zeballos Cue con el “Tacua”, sudando en busca de un resultado positivo: un empatecito.
En uno de los traslados con el plantel de Cerro, empezó otra cargada de Struway. “Supuestamente que cuando la azafata me pregunta coffee mister, yo respondí, no fútbol. Entonces como siempre me hinchaban, me hacía del dormido de ellos; algunos no se daban cuenta que cada viaje en avión era interminable”.
La liga alemana se reinicia hoy y la consulta es si estará pendiente de la competencia de “su país”. En realidad no la sigue mucho, pero es simpatizante del Bayern Múnich. Distraído el muchacho, porque eligió a un club con 28 títulos y los que le siguen, Dortmund y Mönchengladbach, apenas tienen cinco coronas tras la creación de la Bundesliga, desde la temporada 1963/64.
Gilberto asiste con frecuencia a la capilla Virgen de los Dolores, en la compañía Las Piedras, para renovar su fe. Su comida preferida es ñoquis y la bebida, jugo natural. Al momento de la sonorización de algún evento familiar, su “palo” es la cachaca pirú, después de una serie musical de Bronco. Y con esta propuesta, es muy difícil, casi imposible, que no exista algún acompañamiento espumante.
