Tampoco estuvo exento de un ritmo sostenido y vertiginoso como habitualmente lo observamos en Copa Libertadores y no en el lento fútbol local. Sin embargo, el equipo azulgrana se encontró con un General Díaz práctico, contundente e incisivo arriba.
Tuvo como abanderado del esfuerzo y sacrificio a un inspirado Julio Aguilar que incordió permanentemente a todo el andamiaje defensivo azulgrana. Protagonizó un duelo especial con Mareco y también Bruno Valdez. Dicho sea de paso, de muy bajo nivel desde que se lesionó y se apuró su retorno. Antes cuidaba las espaldas de Mareco y ahora es al revés. Víctor Hugo cuida la suya. Los números del Apertura condenan a Cerro Porteño. El empate tiene un sabor agridulce. Se rescata la actitud como la de Fabbro por ejemplo, quien nunca corrió tanto como anoche en la función de volante por derecha por fuera. Pero al puntero lo tiene que mirar con un catalejo. Está lejos... La Libertadores aparece como la tabla salvadora en medio del océano. Si no clasifica, se vendrá la noche. El exitismo en el fútbol es una realidad que no respeta ningún proyecto ni técnico. En dos partidos, la gloria o el escarnio.
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