“Ha llegado el momento de comenzar a disfrutar un poco de este maravilloso momento que estoy pasando. Ha tardado en llegar y ahora es el momento de trabajar aún más para seguir mejorando. Tengo que ir poco a poco y que no se me suba este éxito momentáneo a la cabeza”, explicó el encarnaceno.
“Las complicaciones en mi carrera comenzaron al llegar en España. Son esas cosas del destino que le pasa a uno. Y esta vez me tocó a mí. Primero fue el año y medio que estuve parado apenas llegué por un tema burocrático de la FIFA” (fue como libre y antes de la mayoría de edad), reconoce Acuña, que llegó a Cádiz con un contrato firmado por siete años. Gustavo Benítez (extécnico del Racing de Santander), le había dado la alternativa en el fútbol profesional, en el 2004.
El sostén es su madre. Cuando las lesiones de rodilla comenzaron a golpear en su cuerpo, Acuña se arropó en el amor y el cariño maternal. “Mi familia es lo más importante. Ver sufrir a mi madre cada vez que me rompía fue lo más duro que me tocó pasar. Ahí me juramenté para salir adelante y seguir luchando aunque me volviese a lesionar. Saber que ellos están felices es lo mejor que me puede pasar”.
Sus cosas comenzaron a pintar bien cuando el Real Madrid le ficha para el Castilla –su filial– y le garantiza un contrato de cinco años en el mercado de invierno de 2009. Un año después, en enero de 2010 y después de estar en el banquillo del primer equipo ante el Sporting, se rompió el cruzado anterior de su rodilla derecha. En noviembre de ese mismo año, cuando estaba en el Recreativo, tuvo la misma lesión, pero en la rodilla izquierda. “No podía tener más mala suerte, ya que en el cuarto entrenamiento con el Girona –verano de 2011– vuelvo a lesionarme de lo mismo, como la primera vez. A pesar de todas esos golpes, nunca pensé en abandonar el fútbol. Soy fuerte y siempre tengo presente que toda mi familia depende de cómo me vaya en el fútbol. Tengo la obligación de sacarlos adelante. Eso me ha mantenido en la lucha cada vez que me rompía”, comentó. El Girona marcha segundo, detrás del Elche y en zona de ascenso a la máxima categoría.
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Temple de acero. El paraguayo, de 24 años, no se escuda en la desgracia para justificar su estancamiento producto de sus tres graves lesiones: “Nunca pensé en la mala suerte. Todo esto que me pasó fue un infortunio que lo he sufrido con mucha entereza. Pero todo se acaba y ahora toca seguir aprendiendo y creciendo”.
El delantero, que lleva cinco goles en la presente temporada, analiza con sonrisas su pasado reciente: “Pintaba bien mi carrera al principio, pero aún soy joven y todavía tengo tiempo de poder triunfar, porque no hay nadie mejor que yo que sepa lo que pueda dar”.
