En la Nota Nº 271 describimos su personalidad. Donner fue durante años uno de los mejores ajedrecistas holandeses y un personaje brillante, culto; estaba dotado de una prosa irónica, contradictoria y provocadora, un polemista hábil de lengua muy afilada.
En 1983, Donner sufrió un derrame cerebral, y su físico fue deteriorándose, pero no su intelecto siguió escribiendo (lo hacía desde 1950) para periódicos y revistas; en 1987 recibió el Premio Henriette Roland-Holst, uno de los premios literarios holandeses más prestigiosos, por su obra “Na mijn dood geschreven” (Escrito después de mi muerte).
En 1987 se publicó “De Koning” (El Rey), que contiene una selección de 162 artículos publicados por Donner entre 1950 y 1983. En la introducción del libro se dice: “Se puede afirmar que si una persona no fue insultada por Donner, seguro que era alguien sin importancia en la vida ajedrecística holandesa”. Bent Larsen comentó: “Donner podría ser la víctima en una novela de Agatha Christie. En la escena final, todos los presentes, sin excepción, tendrían motivos para haberlo matado”.
Los insultos o ataques de Donner no eran simples, sino muy elaborados. Veamos un ejemplo: En su columna del 2 de agosto de 1975, en De Volkrant Donner respondió a una carta de protesta del maestro Hans Bohm, que se quejaba del tratamiento que había dado Donner al torneo entonces tradicional IBM de Ámsterdam.
Así lo describió Donner: “Su particular resentimiento es que alabé mucho al vencedor, Ljubojevic, y parece creer que lo hice solo para desvalorizar su segundo puesto compartido” (verdaderamente meritorio, con Makarychev, Smejkal y Szabo). Pasa luego a alabar “el juego espectacular de Bohm”, pero insiste en que el vencedor merecía mayores elogios, más aún tras superar obstáculos graves como perder en la 2ª ronda con Makarychev, y por haber dejado escapar a Bohm en la 5ª (tuvo tres peones de más). Ljubojevic se recuperó “con un fabuloso sprint final”, de 4½ puntos sobre 5. “Esa es una proeza admirable. El ajedrez es un deporte en que nos gusta ver que el mayor luchador gana. Tratar de restar valor a esto con argumentos como ‘pero yo estuve delante por mucho tiempo’ y ‘tuvo suerte en la última ronda’ es ruin y deshonesto”. Donner comenta que la actuación de Bohm atrajo la atención y que en las crónicas que escribió durante el torneo solo tuvo palabras de ánimo y alabanza para él, pues sabía por experiencia propia que las críticas en la prensa durante la competición podían hacer daño, y remata el párrafo con: “Debo decir que fue con cierto asombro y admiración que miré el juego de Bohm”.
¿Una frase para calmar las aguas? Nada de eso; de inmediato saca el hacha: “Un ajedrez tan desprovisto de ambición, tan débil, tan cobarde, en particular, ha sido pocas veces demostrado”, para afirmar que ninguna de las 15 partidas jugadas por Bohm tenía valor. Su amplia experiencia le permitía explicarse el resultado de Bohm, que vio otras veces: un recién llegado que no es tomado en serio por sus rivales y de repente recibe medios puntos inesperados. “Es un fenómeno que siempre me ha hecho desternillarme de risa”, y repite su mantra: “El ajedrez es un juego de suerte, después de todo”. Siguió dando mazazos: dijo que el torneo ese año no había sido muy fuerte, que ni siquiera Ljubojevic era un aspirante al título mundial (afirmación discutible), que no había un claro favorito; sí un ambiente muy relajado y había habido muchos errores en las partidas, Donner concluyó que de todo ese cúmulo de circunstancias (Donner utilizó la palabra “dross”, que significa “porquería”), “automáticamente Bohm salió a la superficie, básicamente por falta de peso. Esto suena severo, pero eso es lo que se pretende. Debo decir también que la carta que Bohm mandó al editor muestra una mentalidad que no soporto. Es necesario prepararlo para futuras decepciones. Está yendo a Alma Ata dentro de poco para el Memorial Chigorin [el torneo fue el Memorial Alekhine en Moscú], un torneo monstruoso en el que no debería participar de estar bien asesorado. Hacen cosas terribles en la URSS a jugadores simpáticos, sorprendentes, de Occidente. Kuipjers fue enviado a este mismo torneo después de un simpático, modesto, éxito local hace pocos años. Abandonó el ajedrez a su vuelta y se dedicó a otra cosa. Durante años no tocó una pieza…”.
Fue profético, el Memorial Chigorin de 1975 lo ganó Geller, seguido de Spassky, Vaganian, Korchnoi, Petrosian, Tal, etc., Bohm terminó último con 3 puntos sobre 15.
“Esta es una lúgubre respuesta a la carta de Bohm, pero cuando alguien está tan falto de autocrítica, es necesario que alguien le diga la verdad”, y finaliza el artículo que ese día tituló: “Un ajedrez tan débil, tan cobarde”, con una discusión ajedrecística. Veámosla.
Hans Bohm (2.300) – Laszlo Szabo (2.545)
Defensa Nimzoindia [E31], IBM Ámsterdam (14), 1975
1.d4 e6 2.c4 Cf6 3.Cc3 Ab4 4.Ag5 h6 5.Ah4 c5 6.d5 d6 7.e3 Axc3+ 8.bxc3 e5 9.f3 Af5 10.Ad3 Axd3 11.Dxd3 Cbd7 12.e4 Cf8 13.Tb1 b6 14.Dc2 Cg6 15.Axf6 Dxf6 16.Da4+ Re7 17.Ce2 Cf4 18.Cxf4 Dxf4 19.0–0
“Por la enésima vez: Esta es la posición final de partida…: Szabo pudo haber ganado un peón con 19… De3+ 20.Rh1 Dxc3 “sería un triunfo laborioso con solo piezas mayores en el tablero”. “Bohm da una variante pretendiendo mostrar que las blancas ganan tras 21.f4 Thc8 una variante que muestra una patética nimiedad” 22.Tb3 Dd4 23.Tbf3 f6? (Donner indica que lo correcto es 23...Rf8, tras tomar en f7 el juego hubiera terminado probablemente en tablas, las blancas no estarían mejor) 24.Tg3 g5 25.fxg5 hxg5 26.Dc2!, “y ganan”. Donner dijo que reprodujo la variante por la “impensable 23…f6” y cree que tampoco 21.f4 es tan buena, Donner sugirió 21...Thd8, con buena posición tras 22.Tb3 (o 22.Dc6 Rf8 23.Dc7 f6) 22...Dd4 23.Tbf3 f6 24.Tg3 Rf8. “No era un sinsentido después de todo lo que dije; las negras pueden tomar el peón sin riesgo, y eso espero que sea la palabra final sobre esta de lo más insignificante partida”. ½–½
