Es decir, no se trata de detalles menores. Y es más, el tema que grafica el concepto es en plural.
Los horrores arbitrales volvieron a jugar un papel preponderante tanto en el partido Olimpia-Santaní como Cerro Porteño-Sol de América.
Podemos colegir por lo tanto que esta situación del arbitraje es una cuestión efecto de causa. ¿La causa?
Una orientación errática de una de las direcciones más sensibles que tiene la APF. La Dirección de Árbitros. El mensaje no llega de Amelio Andino y Horacio Elizondo o los árbitros hasta ahora no supieron absorber las orientaciones que se les imparten. La manera en que anularon el gol de Santaní es sencillamente aberrante. Dentro de la misma temática se puede encuadrar la tercera conquista de Cerro Porteño. Aunque cabe admitir que tampoco le sancionaron un claro penal a Lugano.
Estamos hablando de dos partidos donde se definía el título de campeón en la última fecha.
Todas estas situaciones generaron suspicacias y extendieron un gigantesco manto de dudas sobre la legalidad en cuanto los manejos del fútbol en nuestro país.
Tampoco escapa de esta situación lo que aconteció con Rubio Ñu, cuyo equipo se dio el tupé de ganarle a Libertad y Guaraní, con lo que se salvó del descenso. Es dable pensar que en el presupuesto ñuense, ante ambos rivales, figuran como perdibles.
Por eso, no extrañó que el sábado pasado, entre las tantas disconformidades que expresaron los hinchas de Olimpia, haya sido el de amenazar con no concurrir al partido extra ante Cerro Porteño. No son pocos los olimpistas que piensan que todo se preparó para llegar finalmente a esta situación: dirimir ante su eterno rival el título de campeón.
Verdad o no, la duda está instalada.
Es por eso que, este tipo de circunstancias, no hace otra cosa que dañar la credibilidad. El tesoro, el capital más valioso que deben cuidar y proteger todos los actores que hacen al fútbol en sus distintos estamentos.
La honestidad de propósitos de los dirigentes del fútbol mundial se encuentra en tela de juicio. La suspicacia está a la orden del día. Nuestro país no es una isla olvidada del mundo futbolero. Por lo tanto, lo que ocurrió el sábado constituye un capítulo triste y que, lamentablemente, va en consonancia con la falta de confianza en los dirigentes.
La verdad, el sábado, la pelota sí se manchó. ¿No le parece?
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