La riqueza de Itaipú no radica en la represa, sino en el río y el embalse

“Paraguay no puso nada para la construcción de Itaipú” era la frase preferida de algunos locales para justificar los abusos del Brasil. Sin embargo, la mayor riqueza siempre estuvo en el río Paraná y el gigantesco embalse.

La usina de Itaipú (en círculo), el más grande del mundo en su momento, es casi insignificante frente al río Paraná y el embalse, cuyo valor es incalculable, y sin los cuales la represa no tendría razón de ser (Foto satelital de DigitalGlobe).
La usina de Itaipú (en círculo), el más grande del mundo en su momento, es casi insignificante frente al río Paraná y el embalse, cuyo valor es incalculable, y sin los cuales la represa no tendría razón de ser (Foto satelital de DigitalGlobe).gentileza

Cuenta la historia que la idea de Brasil de construir una hidroeléctrica sobre el río Paraná surgió cuando vio los Saltos del Guairá como una “colosal reserva de energía”, con lo que buscaba resolver su alta dependencia de la importación de millones de toneladas de hulla para energizar usinas, industrias y transportes ferroviarios.

El Tratado de Límites Loizaga-Cotegipe de 1872 (producto de la derrota paraguaya contra la Triple Alianza, una guerra genocida contra nuestro país), el Brasil finalmente había impuesto al Paraguay los límites de su territorio: El río Paraná, en el este, y el río Paraguay, en el norte.

Sin embargo, a inicios de la década de 1960, intentó desconocer dicho Tratado de Límites, pretendiendo soberanía exclusiva sobre los Saltos del Guairá o Saltos de las Siete Caídas. Este grave hecho felizmente tuvo una reacción del Gobierno paraguayo de entonces, al mando del dictador Alfredo Stroessner.

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El Gobierno paraguayo argumentó que el mencionado Tratado de Límites no establece, en parte alguna, que el Salto del Guairá pertenezca exclusivamente a ninguno de los dos Estados, sino que señala como límite natural a dicho accidente acuático. Posteriormente, abusando de su eventual posición dominante, Brasil invadió militarmente territorio paraguayo.

Finalmente, el grave problema se resolvió gracias al “acuerdo” al que llegaron los gobiernos de ambos países, reconociéndose al Paraguay como “socio condómino” en el emprendimiento hidroeléctrico, y que la mitad de la energía que produjera la represa será paraguaya.

Pero eso no fue así en un principio, considerando que Brasil pretendió hacer “partícipe” al Paraguay con apenas el 7%, aunque en la práctica eso es lo que ha venido sucediendo en estos 35 años de generación, sobre la base de un tratado “leonino” que nos obliga a “ceder” la parte de la energía que no utilizamos a un precio vil (US$ 9,5 el MWh), que es nada frente al precio de la energía vigente en el Brasil, que suele oscilar entre US$ 60 y US$ 120 el MWh, dependiendo de las temporadas.

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Las mayores riquezas

El río Paraná, sobre el cual el Paraguay posee soberanía en un 50%, en el límite con el territorio brasileño (190 kilómetros hasta la desembocadura del Río Iguazú), es considerado el octavo mayor río del mundo en extensión (4.880 km, y el más largo de Sudamérica, después del Río Amazonas. Igualmente es el décimo mayor del mundo en flujo de agua, drenando buena parte del centro sur de Sudamérica, incluyendo parte de cinco Estados de Brasil.

Por su parte, el embalse, con una superficie 1.350 km² y 170 km de extensión (desde la represa hasta Salto del Guairá) dispone del mejor índice de aprovechamiento del agua para generar energía en toda la región, según la binacional. El índice de producción es de 9,3 MW por km²; o sea, cada 0,11 km² genera 1 MW (1.000 kilovatios).

Entonces, los paraguayos debemos superar definitivamente la falsa idea de que el Paraguay “no puso nada”, tal como lo manifestara en una entrevista con ABC Color, en abril pasado, el Dr. Miguel Abdón Saguier. Aconsejó a las autoridades locales a evitar los mismos errores del pasado con miras las negociaciones del 2023.

jfleitas@abc.com.py

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