El país no puede seguir sin una política forestal

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El monte tiene un extraordinario valor económico. Existe un mercado creciente para la exportación forestal. El bosque no es improductivo ni inculto y mucho menos sinónimo de tierra ociosa. Cada árbol cuesta dinero y quienes mejor pueden hablar del tema son los "supuestos campesinos sin tierra", que nunca ocuparán una tierra que no tenga monte. Al potencial económico se suma un rol fundamental para mantener un equilibrio ambiental, del cual depende nuestra supervivencia.