Lactancia materna
Tanto Unicef como la OMS promueven la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida del niño, ya que esta acción tiene importantes beneficios: protege a los lactantes de enfermedades infecciosas, fortalece su sistema inmunológico, ayuda a protegerles de diversas enfermedades crónicas durante el resto de sus vidas y al mismo tiempo contribuye a su desarrollo psicomotor; también es clave para la salud de las madres y establece un vínculo afectivo entre la madre y el niño, y lo más importante, es un derecho de ambos.
En Paraguay, solamente el 25% de los bebés es alimentado siguiendo esta recomendación. Esto se debe a la desinformación sobre las técnicas de amamantamiento y los beneficios de la lactancia materna, el débil cumplimento de las normas laborales y la falta de acompañamiento familiar y social a la madre.
La sociedad es la base de todo estado y, por ende, repudiamos (mis alumnos y yo) que principios inalienables reconocidos internacionalmente y ratificados por nuestro estado sean transgredidos u omitidos por prácticas o intereses mezquinos de un sector económico. Exhortamos a la sociedad que estemos atentos y seamos conscientes para que esta práctica no quede impune y sea erradicada.
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Miguel Zacarías
Buitres
Decidir objetivamente es muy difícil porque las emociones intervienen en nuestras selecciones. Si estamos tristes, desilusionados, molestos, ofendidos, angustiados, felices o atravesamos uno de esos momentos en que todo sale mal, nuestra reacción estará acorde a nuestro sentir interior. A más de nuestra sensibilidad, la conveniencia racional influye en las decisiones humanas que pueden ser aplaudidas o criticadas. Todo lo que hacemos no siempre obtiene el resultado deseado. Pero si escucháramos con atención nuestro interior e hiciéramos aquello para lo cual tenemos verdadera vocación seríamos más felices y cumpliríamos nuestra tarea con entusiasmo, responsabilidad y algo más. Trataríamos de buscar soluciones a los problemas y no al revés. Tomar la decisión exacta de lo que nos gusta es no cansarse nunca. ¡Qué lindo sería, si el político abrazara su carrera anteponiendo la vocación de servicio! Por supuesto que debe ser capaz, honesto y proactivo, porque no sirve de mucho una persona con una brillante preparación, pero teórica, o aquel excelente alumno que domina su materia, pero que tiene las piernas tan pesadas que le impiden moverse, y... por su puesto el deshonesto no debería calificar para nada y menos para administrar aquello que nos pertenece a todos.
Lamentablemente nuestros políticos en general aspiran a un cargo porque no tienen cabida en otros lugares, ya sea por ineptos, deshonestos y/o haraganes. ¿Dónde ganarían tan bien teniendo que trabajar relajadamente tan poco? Y no me refiero exclusivamente a su salario, sino que a los otros múltiples beneficios adicionales, como son, por ejemplo, los bocaditos, viajecitos, adulaciones, “extras” o informaciones utilizadas para provechos personales, con las cuales las competencias no son iguales para todos. Estas injusticias y los autobeneficios nos demuestran que la vocación de servicio no es precisamente su especialidad. Me pregunto, qué pasaría si a los aspirantes a cargos públicos se les exigieran más y se les dieran menos privilegios. Probablemente, en tal caso, se postularían solo aquellos con verdadera vocación de servir e interesados en mejorar sinceramente la calidad de vida de sus semejantes. No puedo dejar afuera de esta observación a los representantes de nuestra imperfecta, lenta y cara justicia, aferrados a sus intereses personales. Están tan “convencido$” de que son los únicos capaces de administrar injusticias, por lo que impiden a capa y espada dar oportunidad a otros.
Cuanto menos apetecibles sean los cargos públicos, menos aves de rapiña habrá. El primer paso para vencer una utopía es la reflexión, para luego avanzar.
Helga Behage
