LOS LECTORES OPINAN

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Muchos años atrás, en la Universidad Católica fuimos invitados a una teleconferencia. Fueron convocados también los más representativos periodistas del país para un contacto directo desde yanquilandia, con un hombre de prensa norteamericano para analizar la puja electoral entre Reagan y Mondale. Las encuestas daban como absoluto ganador a Reagan. Por esta razón, el periodista norteamericano se negaba a analizar el escenario político basado en la victoria de Mondale. Solo quería preguntas basadas en Reagan ganador. Sin embargo, todos los periodistas paraguayos insistían en tener una visión de lo que pasaría si ganara Mondale. El yanqui una y otra vez decía: “No va a ganar. Otra pregunta”. Los hombres de prensa paraguayos salieron decepcionados porque no tuvieron la versión de qué pasaría si ganara Mondale. Desde aquella vez tengo la convicción de que en Latinoamérica y en Paraguay, en particular, tenemos la absoluta necesidad de analizar probabilidades imposibles. Nos encanta hacer terapia, o catarsis, analizando posibilidades, partiendo de una premisa que no existe.

Esta situación se da en el caso de Itaipú y Yacyretá. Existe un escenario inmutable: el tratado que rige a cada uno de estos emprendimientos hidroeléctricos. Dichos tratados expresan que esas entidades binacionales no tienen que obtener lucro. Determinante, categórico y fulminante. Y establece que cualquiera de los dos países tiene preferencia para adquirir la energía que no consuma el otro de los condóminos. Claro. Contundente. Al parecer, los analistas de las hidroeléctricas se olvidan de algo fundamental: a pesar de la fachada de “desarrollo de las Altas Partes Contratantes”, finalmente las hidroeléctricas fueron construidas como negocio. Y los países, al igual que los individuos, se mueven de acuerdo a los intereses.

Apelar a la buena voluntad de un país, cuyos intereses están en juego, es pecar de inocente. Se sugirió, como alternativa, para que Paraguay obtenga más ganancia, que la energía de Yacyretá sea vendida a Chile. Claro, esto necesita la buenísima voluntad de Argentina, para que nos alquile sus líneas de transmisión y llevemos la energía de Yacyretá, y que nosotros lucremos vendiéndola a Chile. De por sí esto ya es demasiado quimérico.

Pero, vamos a suponer que Kirito con sus manos divinas acaricie los corazones rioplatenses y nos cedan la energía que a ellos les corresponde por el Tratado, ¿cómo pasamos la Cordillera de los Andes? Me contaron que la única interconexión existente entre Chile y Argentina es de tan solo 633 MW en 345 kV (bastante débil) y construir otra línea más fuerte tendría el valor de otra represa. Además, si en realidad fuese un buen negocio, lo harían los argentinos. Es de ingenuos pensar que le darían al Paraguay un negocio que supuestamente es altamente lucrativo.

No hay duda. A los latinos nos gusta poner a prueba la imaginación creando escenarios irreales, dando soluciones imposibles. En el caso de energía, Paraguay tiene una sola opción válida: utilizarla. Y para eso necesita de la inteligencia de toda su gente, que trabaje en escenarios reales, y por sobre todo, pisando tierra en una situación donde negocios son negocios.

Abel Giménez Toledo

Nuevo uniforme de policías

Como pariente de oficiales de la Policía Nacional quiero decir que me parece que no se justifica el cambio de uniforme, a menos que el verdadero propósito sea que alguien o algunos se hagan ricos vendiéndolos. Este asunto de que el uniforme caqui se identifica con la policía estronista me parece una excusa traída de los pelos, porque ya ha pasado mucho tiempo de eso. Serán otras cosas las que hacen que la policía siga estancada en esos tiempos, pero no el uniforme. Si van a cambiar podrían plantearse al menos usar una tela más fresca para que los pobres oficiales no tengan que sufrir tanto el calor.

Inés González