El papel higiénico como medida
Sí. El papel higiénico resultó ser una alternativa de medición de la pobreza. Necesitamos un sistema más “maduro” de medición. Había sido que el que nosotros utilizábamos no se ajustaba a los cánones del Banco Mundial, que redujo de un soplo el porcentaje hallado por nuestra humilde Dirección de Estadística, Encuestas y Censos mediante algún método que pierde de vista lo esencial para establecer el nivel de pobreza, como lo es la capacidad de compra de la gente.
La lógica suele ser la virtud de una infinita minoría. Y nada más lógico que cuando en una sociedad de libre mercado –y de consumo– se quiere medir la pobreza o la riqueza se deba recurrir a la capacidad de compra del “homo económicus”. Es evidente que las nuevas reglas de medición de la pobreza implementan una técnica que nos pone a la altura de nuestros hermanos del continente. Pero ello, lejos de inducirnos a esperar que las cosas se solucionen solas, debiera insuflarnos el desasosiego constructivo de pensar y actuar para sacar a ese segmento poblacional del estado de postración económica y que, probablemente, indican también otros guarismos sobre desnutrición, mortalidad infantil, analfabetismo, delincuencia organizada y desorganizada y demás lacras que terminarán por destruir el resto de la convivencia social que nos queda.
Cuando estalló la crisis del papel higiénico en la hermana república bolivariana, algunas maduras reflexiones alegaban que el desabastecimiento se debía a que la gente comía mejor y en mayor cantidad. No sé en realidad si lo leí, lo escuché o lo soñé. Inmediatamente reflexioné que las conclusiones proporcionadas por este novedoso método no podían ser exactas, porque no tendrían en cuenta a los estreñidos. También pensé que en nuestro país tampoco sería el espejo del buen comer de nuestros conciudadanos, porque aquí todavía no fue desterrado del todo el avati ygue (mazorca o marlo de maíz) cuya utilidad final supimos encontrar. También sigue vigente el reciclaje del papel diario, que prolijamente cortado e insertado en un clavo en la pared del retrete o baño ofrece una alternativa que, a no dudarlo, tiene sus encantos a la hora de denostar en solitario y de la peor manera contra aquellos que menos apreciamos. Es un grito de reproche contra la foto o el discurso de aquellos que nos hacen la vida a cuadritos, como diría una docta amiga. Evo, por de pronto, envió toneladas de rollos para colaborar con los hermanos bolivarianos a la hora de culminar felizmente sus deposiciones.
Estas soluciones alternativas al papel higiénico no son viables en el Paraguay. Las cifras no serían ni siquiera aproximadas. Somos tan especialmente creativos que los métodos que utiliza el resto de la humanidad no nos calzan. Por de pronto, sigamos midiéndonos mediante métodos medianamente lógicos que nos permitan la radiografía más aproximada de la realidad, para corregir las desigualdades que hacen la felicidad de algunos a expensas de la desesperanza y la miseria de muchos.
Óscar A. Martínez Pérez
Privilegiados del aeropuerto
El aeropuerto tiene una rampa superior para dejar pasajeros y una inferior para retirarlos. Ambas están bajo techo; pero, ¡ohh sorpresa!, los simples ciudadanos deben alzar sus pasajeros en la playa de estacionamiento aunque llueva.
¿Por qué? Porque la parte de abajo está “reservada ” para funcionarios y algún otro capo. Al pedir que levanten la barrera para pasar por ese lugar, no fue posible. “Está todo ocupado, vaya a la playa”, me gritó el funcionario.
Adentro de los salones hay 50 asientos para 1000 personas. Si el vuelo se atrasa: a cantina o el piso. ¿Será que hay pocos asientos adrede para que vayan a la cantina ?
La boca de salida de los viajeros tiene todos los vidrios cubiertos por propagandas y la gente se agolpa para ver al hijo o pariente que llega. Porque los vidrios fueron cubiertos con publicidad. Es para que la gente no vea que algunos pasan de largo el control de aduanas. ¿Contrabando 0?
Ahora cobran 5.000 para estacionar, pero todas las sombras son de los jefes y funcionarios capos. Aunque haga 60 grados al sol y la piel se te despegue de la mano, solo queda el horno para el público. ¿Es que no pueden instalar mediasombra para el público, ya que cobran bien caro?
¿Hay alguien que pueda hacer de este mercado 4 un verdadero aeropuerto internacional ?
Raúl Rivarola M.
