Una amplia y saludable fuerza de trabajo joven, con altos niveles de educación y capacitada para el empleo, asociada a una cantidad relativamente pequeña de personas mayores dependientes, ofrece una oportunidad única para invertir en el crecimiento económico. Si los adolescentes y jóvenes se incorporan plenamente a la educación, los países están en mejores condiciones de producir con alto valor agregado y elevar el ingreso de cada familia.
Por ello, medidas como adecuar la oferta educativa, fortalecer las competencias de los docentes, mejorar la calidad, la cobertura y los contenidos educativos, y abrir las escuelas a los más desfavorecidos, son fundamentales. La equidad de género y la educación de la sexualidad, son dos prioridades educativas para una nueva relación hombre –mujer y un mundo sin violencia.
Otro aspecto importante es la salud, incluyendo la sexual y reproductiva. Está demostrado que una juventud que mejora su salud sexual y reproductiva está en mejores condiciones de incorporarse al mundo laboral y tener mejores ingresos. Sobre este tema, la experiencia internacional demuestra que muchos adolescentes y jóvenes no se acercan a los servicios de salud sexual y reproductiva simplemente por vergüenza o porque no los conocen.
De manera que lo más recomendable es consultar abiertamente a los adolescentes y jóvenes, para que ellos digan en qué aspectos se pueden mejorar los servicios y otros espacios para ellos; reconociendo que los servicios de salud y salud sexual y reproductiva diseñados con la participación y visión de los adolescentes y jóvenes, son más eficaces.
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