Silenciosos yvapovõ, opulentos lapachos

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Entre la variopinta vegetación asuncena, a lo largo de su historia se destacan los yvapovõ y los tajy. Ambos motivaron a poetas y músicos, son muy longevos, pero diferentes a nuestros sentidos. Unos pasan inadvertidos por su silenciosa presencia, mientras los otros estallan de color y opulencia haciendo una fiesta en la flora autóctona.

Este párrafo fue escrito por Antonio Ortiz Mayans entre 1915 y 1930 en su libro “Evocaciones de la Asunción”, para pintar a la exuberante Madre de Ciudades.

Hasta hoy, la capital conserva en sus colinas y vados; patios, paseos y veredas enormes árboles de yvapovõ o lapachos que se constituyen en un patrimonio natural, que en la historia ha despertado la admiración de propios y extraños.

Siempre verde, copa redondeada y densa, abundantes ramas tortuosas y follaje oscuro con tupida sombra caracterizan al yvapovõ (Melicoccus lepidepetalus). No hay asunceno que, teniéndolo en su patio, no lo adore. Ni siquiera ensucia.

Las aves se refugian entre sus tupidas ramas y hacen un festín, pues son muy resistentes a las tormentas. Es muy segura, aunque extienda sus ramas sobre el techo de la casa. “También son muy visitados por los insectos porque hay ejemplares masculinos y femeninos, que requieren ser polinizados por los insectos. De ahí que su néctar y polen son muy cotizados. Cuando florecen en primavera reciben a un enjambre de abejas”, observa el Ing. Agron. Germán González Zalema, de la Universidad Nacional de Asunción.

Sus frutos son comestibles, aunque no muy deliciosos. Tienen un gusto que adoba la boca y por eso no se consume tanto, aunque posee un alto contenido de hierro y es aprovechable para bebidas refrescantes.

Le gustan campos abiertos y suelos arenosos, húmedos y profundos, como los de Asunción. Por eso abundan. Son muy longevos que pueden alcanzar los ¡1.000 años! sin perder su verdor ni vigor, afirma Germán González.

¿Y qué no se ha dicho todavía de los lapachos? En mayo fueron declarados por ley “árbol nacional” bajo protección y conservación.

Las flores que se dejan caer como lluvias de las copas para alfombrar las calles y veredas en esta época son de la especie Tabebuia impetiginosa. “Como la ciencia avanza y cambia, ahora se llama Handroanthus impetiginosus a los de hojas más grandes. Pero igual los Handroantus heptaphyllus, de hojas más pequeñas, también están empezando a florecer, confundiéndose las especies o juntando frutos con flores a la vez, cuando que debieran diferenciarse con los meses del año”.

Según la creencia popular ya no debería hacer frío este año, pero con los desordenes del clima que hacen estallar de opulencia florida a los tajy, uno nunca sabe.

Fotos: Malena Olivetti, Jorge Cañete y Rudy Lezcar.