Los docentes son corresponsables de la crisis educativa

La deplorable historia se repite cada año. Los docentes se movilizan y los alumnos pierden horas de clases, que no se recuperan. Por si hacía falta, lo acaba de ilustrar el preocupado ministro de Educación y Ciencias, Eduardo Petta, al referir que este año no se alcanzarán ni siquiera 100 días calendario, de los 183 previstos. Esta vez, la entidad gremial OTEP-SN decidió que sus miembros olviden las aulas y salgan a las calles “por la educación pública, contra la crisis educativa”. Bajo este vacuo eslogan se oculta la reivindicación principal que, como siempre, tiene que ver con el salario. Los docentes no quieren leer más para enseñar mejor, sino ganar más dinero cada año, recurriendo a medidas de fuerza en perjuicio de los alumnos antes que del Gobierno. Para peor, hacen gala de un cinismo a toda prueba hablando de la “crisis educativa”, de la que son corresponsables por su ineptitud, su pereza y su avidez. Los ciudadanos y las ciudadanas ya no deben permanecer callados, como si les fuera ajeno el problema educativo. Sin sus reclamos públicos y perseverantes, el drama se profundizará día a día.

La deplorable historia se repite cada año: los docentes se movilizan y los alumnos pierden horas de clases, que no se recuperan. Por si hacía falta, lo acaba de ilustrar el preocupado ministro de Educación y Ciencias, Eduardo Petta, al referir que este año no se alcanzarán ni siquiera 100 días calendario, de los 183 previstos. Esta vez, en la víspera del Día Mundial del Docente, que se recordó el sábado, la Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay Sindicato Nacional (OTEP-SN) decidió que sus miembros olviden las aulas y salgan a las calles “por la educación pública, contra la crisis educativa” (¡!). Bajo el vacuo eslogan se oculta la reivindicación principal que, como siempre, tiene que ver con el salario.

Los docentes no quieren leer más para enseñar mejor, sino ganar más dinero cada año, recurriendo a medidas de fuerza en perjuicio de los alumnos antes que del Gobierno. Ahora exigen una recategorización salarial indiscriminada del 16%, que rija desde enero del próximo año y no recién desde abril, tal como el Ministerio lo había pedido a la Comisión Bicameral de Presupuesto. O sea que quieren gozar del jugoso aumento ya durante sus mal ganadas vacaciones y no precisamente para capacitarse comprando textos pedagógicos. Para peor, hacen gala de un cinismo a toda prueba hablando de la “crisis educativa”, de la que son corresponsables por su ineptitud, su pereza y su avidez. Para disimular un poco su apetito salarial, el “magisterio” movilizado también exige que el 7% del Producto Interno Bruto se invierta en la educación pública y que se dicte una ley sobre la salud laboral y la universalización de la alimentación escolar. De acuerdo a la Constitución, el Presupuesto nacional destina a la educación pública no menos del veinte por ciento del total asignado a la Administración Central, excluidos los préstamos y las donaciones. El Ministerio del ramo administra hoy una suma equivalente a unos 1.460 millones de dólares, solo superada por la que corresponde al de Hacienda. No estaría mal que se aplicara la recomendación de la Unesco, que hace suya la OTEP-SN, pero no serviría de mucho para solucionar la “crisis educativa” si el dinero adicional se roba, se derrocha o se dirige sobre todo a los bolsillos de los funcionarios y de los docentes. El drama tiene que ver más con la moral que con el Presupuesto.

En cuanto a la “salud laboral”, hace tres años, una médica del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social reveló que sus colegas y los docentes sufren un alto nivel de estrés, que iría del 5 al 20%. Según dijo, podía ser combatido con menos horas de trabajo o una “pausa activa” de entre 10 a 15 minutos. En abril de este año, el mismo Ministerio realizó en Santa Rosa (Misiones) una jornada dirigida a docentes bajo el lema “Proteger la salud mental de los profesores debería ser una tarea urgente e ineludible, hacerlo no solo es proteger sus emociones sino también la (sic) de los estudiantes”. Cuesta creer que la salud mental de los docentes paraguayos sea afectada por el exceso de trabajo. En todo caso, la cura no debería consistir en menos horas de clase. En cuanto a la “alimentación escolar”, es un buen ejemplo de que no todo depende del dinero. En efecto, la ampliación de los recursos del Fonacide, malversados por intendentes y gobernadores, con la complicidad de los concejales y ante el clamoroso silencio de los educadores, podría conducir a un mayor enriquecimiento ilícito si no se pone coto a la corrupción.

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Por cierto, la “alimentación escolar” debería beneficiar sobre todo a los alumnos de hogares de bajos ingresos, esto es, a los más afectados por las huelgas rutinarias de sus maestros. Ellos son las grandes víctimas de quienes, cabe insistir, están más que nada interesados en la satisfacción de sus demandas monetarias. Con su reiterada deserción de las aulas violan “el derecho de aprender y la igualdad de oportunidades a los beneficios de la cultura, de la ciencia y de la tecnología, sin discriminación alguna”, que la Carta Magna garantiza a sus alumnos. No castigan al ministro, al presidente de la República, a los congresistas ni a quienes asisten a escuelas y colegios privados. Castigan a los educandos más pobres y, por extensión, a sus respectivas familias. Se dirá que, siendo tan deficiente la enseñanza que imparten, reducir de hecho a la mitad los días de clase anuales no dañaría demasiado a sus alumnos. Pero peor es nada, así que los salarios deben ser descontados cuando los paros son ilegales.

La Constitución también garantiza “la libertad de enseñar, sin más requisitos que la idoneidad y la integridad ética”. Aparte de la ineptitud, resultado de la pésima formación docente, no cuestionada por quienes la recibieron, es destacable aquí el requisito de la “integridad ética”. Es inmoral que el derecho de aprender y la igualdad de oportunidades sean sacrificados, una y otra vez, por los huelguistas consuetudinarios. Tan inmoral como aparecer, en calidad de docente, en mitines de una campaña electoral interna de la ANR. En ese marco, el sindicalista “añetete” Silvio Piris alentó en 2017 el paro de rigor y anunció que “todos los docentes le pasarán la factura a Horacio Cartes” y que el 80% de los 60.000 docentes colorados tenía un “sentimiento anticartista”.

Se podrían dar muchos otros ejemplos del fervor político-partidario de quienes se presentan como abanderados de la educación pública, cuando a la vez buscan cortejar a los que mandan para sacar algún provecho económico. Están organizados y actúan como un grupo de presión que no tiene contrapeso. Los padres no se oponen a quienes atentan contra el futuro de sus hijos, y quienes integran los Poderes Legislativo y Ejecutivo se someten a sus dictados, por la simple razón de que temen perder votos. Los ciudadanos y las ciudadanas ya no deben permanecer callados, como si les fuera ajeno el problema educativo. Sin sus reclamos públicos y perseverantes, el drama se profundizará día a día.

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