Las aduanas continúan siendo un nido de ladrones

Por una feliz coincidencia, el último viernes se difundieron dos llamativos tuits del embajador estadounidense, Lee McClenny, y tres vergonzosos audios protagonizados por el pastor Melanio Paredes Enciso, delegado de la Dirección Nacional de Aduanas en el Uruguay. Ambos se ocuparon de la sempiterna corrupción, como observador el uno y como presunto implicado, el otro. En forma implícita, el diplomático exhorta a los ciudadanos a bregar por la democracia y el progreso, y critica a los gobernantes por representar solo a una parte de la población y por marginar del progreso a muchos lugares. Es que el impune enriquecimiento en los cargos públicos, mediante el soborno o el tráfico de influencias, ha llegado a tales extremos que también puede afectar a otros países. Los efectos del tráfico de armas y de drogas, así como del lavado de dinero, que mucho tienen que ver con la corrupción, trascienden nuestras fronteras. Este grave problema debe ser encarado por el propio pueblo, con la ayuda de la prensa libre, denunciando a los corruptos y exigiendo que la ley penal caiga sobe ellos.

Por una feliz coincidencia, el último viernes se difundieron dos llamativos tuits del embajador estadounidense, Lee McClenny, y tres vergonzosos audios protagonizados por el pastor Melanio Paredes Enciso, delegado de la Dirección Nacional de Aduanas (DNA) en el Uruguay. Ambos se ocuparon de la sempiterna corrupción, como observador el uno y como presunto implicado el otro.

Que el diplomático se haya permitido escribir que “en este momento que vive el Paraguay, vale la pena reflexionar y escuchar al pueblo y ejercer la democracia a través de la lucha contra la corrupción e impunidad, con justicia para todos”, supone que esta práctica ilícita no castigada resulta insoportable incluso para el representante de un Gobierno con el que el nuestro mantiene muy buenas relaciones. El mensaje –sin precedentes– exhorta a las autoridades nacionales a atender los reclamos de la gente y a aplicar la ley a todos por igual, es decir, también a los poderosos. El otro mensaje del diplomático –también insólito– tiene como destinatarias a las víctimas: “Es el rol de los ciudadanos comprometidos con la democracia y el desarrollo del país permanecer alertas, instando a las autoridades a que representen a todos y que aseguren que las mejoras lleguen a todos los rincones del país”. En forma implícita, aquí se exhorta a los ciudadanos a bregar por la democracia y el progreso, y se critica a los gobernantes por representar solo a una parte de la población y por marginar del progreso a muchos lugares. Ambos mensajes pueden resumirse en que el Gobierno ignora a un pueblo castigado por la corrupción y discrimina entre paraguayos de primera y de segunda.

Si en la década de 1970, el recordado embajador norteamericano Robert White se enfrentó a la dictadura, el actual ha puesto el dedo en la llaga de un Gobierno democrático, signado, como los anteriores, por la indecencia desbordada. Es que el impune enriquecimiento en los cargos públicos, mediante el soborno o el tráfico de influencias, ha llegado a tales extremos que también puede afectar a otros países. Los efectos del tráfico de armas y de drogas, así como del lavado de dinero, que mucho tienen que ver con la corrupción, trascienden nuestras fronteras. Es comprensible, pues, la alarma que reflejan los dichos del embajador McClenny, sin excluir que su iniciativa, quizá acordada con el Departamento de Estado, también responda a un sincero interés por el bienestar de los paraguayos. Su país financia en ocho entidades públicas el Programa Umbral, que apunta precisamente a reducir la corrupción y fortalecer el Estado de derecho. Vistos sus resultados hasta hoy, los tuits del diplomático pueden interpretarse, además, como signos de una enorme frustración. Uno de los órganos beneficiarios del programa es –¡vaya casualidad!– la podrida DNA, que el 29 de agosto firmó con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) un memorando de entendimiento, entregado días más tarde al presidente Mario Abdo Benítez en el Palacio de López por su jefe Julio Fernández y por el embajador McCleeny. En la ocasión, este informó que las metas del programa son impedir el contrabando, facilitar el comercio legítimo y aumentar la recaudación del Estado. También dijo que los norteamericanos estaban “orgullosos y muy complacidos de trabajar con Aduanas en este importante trabajo”.

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Y bien, el trabajo será hercúleo, según se desprende de los diálogos entre el pastor Paredes Enciso y una empleada uruguaya, contratada irregularmente, que en abril lo denunció penalmente por acoso sexual y laboral. En uno de los pasajes más ilustrativos, ella le dice “vos acá recibís plata”, a lo que él responde: “Sí, claro (...), pero no es para mí. Es para mantener la institución. Si yo no recaudo eso...”. Su presunta víctima le dice, con mucha razón, que aceptar dinero, aunque él no se quede con todo, es corrupción. Pero aquí viene lo mejor: Paredes Enciso pretende disculparse, inculpando a otros: “Lo que nosotros hacemos no es nada; es para comer, aunque sea. Los otros ya roban para... por eso hay pobres”. Por lo visto, como su salario mensual de 49.550.000 guaraníes no le alcanzaba para comer, recibía coimas o “pagos por facilitación”, en la jerga aduanera. Es probable que la mayor parte haya ido a parar a los bolsillos de los políticos y no precisamente a las arcas de la institución, en cuyo caso el famoso maletín aduanero también sería un producto de importación. El Puerto Franco de Paranaguá, donde el diputado Miguel Cuevas (ANR) llegó a ganar “mucha plata”, según dijo, debe de ser otra importante fuente de ingresos adicionales para los funcionarios y sus “padrinos”.

Debido a su presunta conducta sexual y laboral impropia, por decir lo menos, el pastor Paredes Enciso está desde la semana pasada “a disposición” del Departamento de Talento Humano de la DNA, en cuya sede central asistía a ceremonias religiosas con el director Fernández. El diplomático estadounidense habló de aumentar la recaudación del Estado y no la de los aduaneros ni la de los políticos. Ese nido de ladrones que es la DNA tiene mucha experiencia en la recaudación irregular, como lo revelan los casos de transporte de “maletines” que han salido a luz.

Este grave problema solo podría ser encarado por el propio pueblo, con la ayuda de la prensa libre, denunciando a los corruptos y exigiendo que la ley penal caiga sobre ellos. Como dice el embajador, “es el rol de los ciudadanos comprometidos con la democracia y el desarrollo del país permanecer alertas”, o sea, no abandonar la cosa pública al manejo discrecional de los corruptos.

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