Hacen promesas de austeridad, mientras siguen despilfarrando

El ministro de Hacienda, Benigno López, admitió en los últimos días, ante el Banco Mundial, que nuestro país mantiene una gran ineficiencia en materia de gasto público y que por ello están obligados a mejorarlo antes de pedir más impuestos a la ciudadanía. Por su parte, dentro del estudio del proyecto de Presupuesto 2020, el titular del Congreso, Blas Llano, reclamó al Ejecutivo ser más duro en frenar los pedidos de ampliaciones presupuestarias. Lamentables ambas declaraciones, pues es sabido que en gran medida la solución de los problemas expuestos está en manos de quienes las formularon. Hace bien el ministro en admitir la calamitosa situación de nuestras finanzas estatales y en reconocer que, ordenando los gastos, aún hay mucho espacio para disponer de mayores recursos sin sacar dinero del bolsillo de la gente a través de los tributos. Pero es el Gobierno que él mismo integra el que está intentando poner más cargas sobre las espaldas de la población. Por su parte, lo que debería hacer Llano es tratar de convencer a sus colegas de la necesidad de no tocar el proyecto de Presupuesto con base en criterios populistas que solo complicarán aún más la situación.

Algún dirigente político ya retirado sostuvo alguna vez que si se juntaran todos los trabajos de diagnósticos sobre la situación del Paraguay y cuáles podrían ser los caminos de solución, se podrían tener toneladas de papeles para llenar un gigantesco salón. El ministro de Hacienda, Benigno López, admitió en los últimos días, ante el Banco Mundial, que nuestro país mantiene una gran ineficiencia en materia de gasto público y que por ello están obligados a mejorarlo antes de pedir más impuestos a la ciudadanía. Por su parte, en el contexto del estudio del proyecto de Presupuesto 2020, el titular del Congreso, Blas Llano, reclamó al Ejecutivo ser más duro en frenar los pedidos de ampliaciones presupuestarias. Lamentables ambas declaraciones, pues es sabido que en gran medida la solución de los problemas expuestos está en manos de quienes las formularon.

En el contexto de su participación en las asambleas del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), en Washington, el ministro López hizo algunas referencias a la situación del sector público. Hace bien el secretario de Estado en admitir la calamitosa situación de nuestras finanzas estatales y en reconocer que, ordenando los gastos, aún hay mucho espacio para disponer de mayores recursos sin sacar dinero del bolsillo de la gente a través de los tributos. Pero es el Gobierno que él mismo integra el que está intentando poner más cargas sobre las espaldas de la población.

Evidentemente, hacía referencia a un reporte difundido a principios de año por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el que se señala que el Paraguay desperdicia el equivalente a alrededor del 3,9% del Producto Interno Bruto (PIB) por su ineficiencia en el gasto público, lo cual representa cerca de 1.600 millones de dólares al año. Este mismo informe detalla que el despilfarro se origina principalmente en el pago de salarios a los funcionarios, equivalente hoy al 40% del gasto de la Administración Central, muy por encima del promedio de América Latina, situado en solo el 29%. También cita los sobrecostos en las compras y contrataciones de las instituciones gubernamentales, fruto de la ineficiencia, la mala gestión o la corrupción (sobreprecios).

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López afirma que en Hacienda están trabajando con fuerza para mejorar la calidad del gasto, por lo que antes de exigir más impuestos a la ciudadanía cree necesario ser más eficientes en lo que se gasta. Al respecto, viene bien recordar que cuando el Ejecutivo planteó un impuestazo a principios de este año, hoy ya aprobado y por entrar en vigencia en enero del 2020, se había conformado una comisión interinstitucional paralela con el objeto de proponer planes concretos para la mejora en las erogaciones gubernamentales. Por supuesto, cuando el Congreso dio su acuerdo a la reforma impositiva, habían sido escasas las sesiones de esta Comisión y, tal como se advirtió, hasta hoy se ignoran sus resultados. No existen ni planteamientos puntuales ni medidas que supuestamente estaban en marcha para evitar el despilfarro. En aquel entonces, también se montó una Cumbre para anunciar un “pacto de austeridad” entre los tres Poderes del Estado, que, como tantas otras, terminó en la nada.

Si Benigno López fuera coherente, lo que debería proponer de inmediato a su hermano, el presidente de la República Mario Abdo Benítez, es que promueva la suspensión de la ley de impuestazo con el objeto de permitir que la ciudadanía y las empresas en general puedan mantener más dinero en sus bolsillos a fin de incentivar el consumo y coadyuvar a levantar la tan alicaída economía. El Poder Ejecutivo fue advertido en su momento de la crisis que se venía y la ignoró olímpicamente. Hoy está cargando sobre la ciudadanía las consecuencias cuando se espera un resultado negativo en los números de la economía para el cierre del ejercicio (una recesión del 1% no vista desde hace ya varios años).

Más allá del discurso del ministro López, la “pelota” se encuentra hoy en la cancha del Poder Legislativo, donde se discute el plan de ingresos y gastos públicos 2020. Por ello, es oportuno rescatar lo afirmado por Blas Llano, quien sostiene que el Ejecutivo debe ponerse duro y frenar los pedidos de ampliaciones presupuestarias ante la delicada situación económica y la falta de recursos públicos. Nadie puede discutir la verdad de estas afirmaciones; sin embargo, lo que debería hacer el titular del Parlamento es tratar de convencer a sus propios colegas de la necesidad de no tocar el proyecto con base en criterios populistas que solo complicarán aún más la situación. No debe olvidarse que durante los últimos años, y especialmente para el 2012, fueron precisamente los legisladores quienes autorizaron aumentos generalizados en remuneraciones del personal, incrementando el gasto salarial en casi 30%, con lo cual “inflaron” el presupuesto y sometieron a un grave estrés a toda la ciudadanía que ahora terminará pagando los platos rotos con más tributos.

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Los números que presenta el Presupuesto público en la actualidad, y que no variarán mucho el próximo año, muestran que cerca del 75% de los ingresos tributarios serán utilizados para cubrir remuneraciones del Gobierno Central. Si a esto se suman los pagos por jubilaciones y pensiones, y las deudas, el dinero sacado del bolsillo de la ciudadanía ya no alcanza y se debe echar manos a los royalties, compensaciones e incluso a un mayor endeudamiento. El año que viene se deberán financiar los pagos salariales a casi 305.000 funcionarios públicos, sin contar a otros 50.000 contratados, aproximadamente, y se gastarán entre 2.000 y 3.000 millones de dólares en compras y contrataciones. Fruto de la caída de las recaudaciones, el déficit fiscal (más gastos que ingresos) se estima que este año será del 2,3% (por encima del 1,5% del PIB permitido por la Ley de Responsabilidad Fiscal), y el año que viene se mantendrá en casi los mismos niveles.

Los paraguayos están fastidiados a causa de las falsas promesas, y bien hace Benigno López en preocuparse de lo que ocurre en el país trasandino donde los chilenos se cansaron de las mentiras de sus políticos. Más vale que se asuman las decisiones en forma urgente si no quieren una reacción a la chilena.

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