Nadie hace nada por el lago Ypacaraí

Desde hace al menos medio siglo, la situación del lago Ypacaraí ha motivado reuniones, seminarios, visitas de delegaciones extranjeras, viajes de funcionarios y munícipes paraguayos al exterior, pero este emblemático recurso hídrico continúa presentando una triste realidad: la contaminación. A esto se han sumado las cianobacterias, y más recientemente la pronunciada bajante de sus aguas, como pocas veces se ha visto en el lugar. Se pensaba que este periodo de gran estiaje permitiría encarar con urgencia alguna acción concreta, y, como en tantas otras ocasiones, aparecieron las sugerencias, que generan discusiones, pero sin resultado alguno. Una de las propuestas más prometedoras consistió en el dragado del lago para sacar el limo de su fondo, y generar islas con los sedimentos extraídos. Lastimosamente, los municipios más directamente relacionados con el lago, que son San Bernardino, Areguá y Ypacaraí, no han encarado acciones conjuntas para reforzar sus gestiones, sus poblaciones no han reaccionado más firmemente, ni el Mades, el organismo en cuyo campo cae esta cuestión, trabaja activamente con ellos.

En una reciente conferencia de prensa, el titular del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), Ariel Oviedo, se explayó en un “plan piloto” para el lago Ypacaraí, que consiste en regular el escurrimiento a través del río Salado, a fin de monitorearlo durante la temporada veraniega y, con ello, observar si mejoran las condiciones de las aguas.

Ya en octubre pasado, el ingeniero David Fariña, director de Recursos Hidrológicos del Mades, explicó que la bajante en el caudal del lago es un fenómeno que se viene registrando desde hace unos diez años, y cada vez con mayor intensidad. Ello se debería, sobre todo, a que el volumen de agua que sale por los humedales del río Salado ha aumentado considerablemente, a diferencia del caudal de sus arroyos tributarios, que se encuentran colmatados. También jugó un papel la sequía imperante. Además, Fariña mencionó que es preciso realizar una limpieza de los humedales del arroyo Yukyry, y analizar seriamente la posibilidad de hacer un dragado tanto en el lago como en los cauces que están llenos de sedimentos.

En enero de este año, autoridades de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa) manifestaron que la Playa Municipal de Areguá y la Playa Colón de San Bernardino daban muestras de un alto índice de contaminación con coliformes fecales, por lo que no eran aptas para el uso recreativo. Este mismo organismo del Estado mencionó que los arroyos que cruzan sectores urbanos de San Bernardino y desembocan en el lago mostraban signos peligrosos de aporte de contaminación microbiana.

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Coincidentemente, y en este mismo orden de análisis, técnicos del Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas (Cemit), entidad que determina el nivel de contaminación y condiciones para el uso del lago, señalaron en la temporada veraniega anterior la pobreza del estudio realizado, pero, a pesar de ello, las municipalidades de Areguá, San Bernardino y Ypacaraí, con el aval del Mades, decidieron irresponsablemente habilitar las playas para el uso público.

La ciudadanía ya conoce sobradamente –y ya no le da mucho crédito– los supuestos intentos de superar la deplorable realidad del lago, sin ningún resultado hasta ahora.

A fin de tener una secuencia de esos “intentos”, vale recordar algunos episodios. En 2012, dos especialistas, el italiano Alberto Bocatto y el holandés Mariñus Pool, de la Universidad de Padua, Italia, realizaron propuestas que requerían unos 30 millones de dólares para combatir la contaminación del lago. En 2014, el ingeniero Alfredo Molinas, coordinador del proyecto “Restauración y recuperación del lago Ypacaraí”, en un informe presentado al Poder Ejecutivo, señaló que estaba previsto destinar unos 60 millones de dólares para la construcción de una planta de tratamiento de efluentes cloacales en el arroyo Yukyry. Se estimaba concluirla en 2016, pero no se tuvieron más noticias. Molinas agregó que se abriría en el Banco Nacional de Fomento un fondo especial de unos 30 millones de dólares para las empresas de los municipios que rodean la cuenca del lago, con el fin de adecuar sus instalaciones con base en normas ambientales. El mismo funcionario informó que la Itaipú Binacional desembolsará unos 700.000 dólares para costear el diseño de la planta de tratamiento, y monitorear en tiempo real el nivel de contaminación mediante sensores. Pero hay más: en octubre de 2018, el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Arnoldo Wiens, comentó que se estaba solicitando al Banco Interamericano de Desarrollo unos 150 millones de dólares para evitar la colmatación y la contaminación del lago Ypacaraí.

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Reuniones, seminarios, visitas de delegaciones extranjeras, viajes de funcionarios y munícipes paraguayos al exterior han proliferado en el último medio siglo, pero el emblemático lago continúa presentando una triste realidad: la contaminación. A esto se han sumado las cianobacterias –tóxicas para el ser humano– que han venido apareciendo desde el 2017. Y, ahora, la pronunciada bajante de sus aguas, como pocas veces se ha visto en el lugar.

Se pensaba que este periodo de gran estiaje permitiría encarar con urgencia alguna acción concreta en beneficio del lago, y, como en tantas otras ocasiones aparecieron las sugerencias, que generan discusiones, pero sin resultado alguno. Una de las propuestas más prometedoras consistió en el dragado del lago para sacar el limo de su fondo, y generar islas con los sedimentos que se extraigan. Un grupo de pobladores de San Bernardino, apoyados por empresarios y el intendente Luis Aguilar (PLRA), anunció esta semana que financiará el estudio de impacto ambiental para el dragado. Es probable que se obtenga el permiso y se decidan las acciones a seguir, pero ya cuando el lago vuelva a su nivel normal por nuevas crecientes de sus aguas.

Los municipios más directamente relacionados con el lago son San Bernardino, Areguá y Ypacaraí. Lastimosamente, no se han observado acciones conjuntas de los mismos para reforzar sus gestiones, ni una reacción firme de sus habitantes para reclamar la recuperación de las aguas. También el Mades, el organismo más directamente relacionado con esta cuestión, debería estar trabajando activamente con ellos para aprovechar esta oportunidad única de bajante de las aguas. Pero así como están las cosas, lo más probable es que dentro de poco estemos lamentándonos otra vez por la oportunidad perdida.

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