Vergüenza, ¡cúbrete el rostro!

Este artículo tiene 5 años de antigüedad

“No tienen nada en mi contra, estoy tranquilo”, dijo orondamente Óscar González Daher, exsenador y expresidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, al referirse a la Fiscalía el pasado 16 de diciembre. A renglón seguido, sin ruborizarse y con total desparpajo, anunció que en el 2023 “volveremos con más fuerza que nunca”. Sus afirmaciones no fueron producto de ninguna apuesta o expresión de deseos simplemente; pocos días después y por una ineptitud virtual –o tal vez, no se sabe, para dar un mensaje explícito– del senador Antonio Barrios, al transmitir para la Cámara de Senadores, se pudo ver la razón más concreta para su contundente afirmación: Horacio Cartes, sentado a su lado, monitoreando una sesión del Congreso. González Daher realizó así, en pleno momento de juicio oral, una demostración de fuerza para amigos y enemigos.

“No tienen nada en mi contra, estoy tranquilo”, dijo orondamente Óscar González Daher, exsenador y expresidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados al referirse a la Fiscalía el pasado 16 de diciembre. A renglón seguido, sin ruborizarse y con total desparpajo, anunció que en el 2023 “volveremos con más fuerza que nunca”. Sus afirmaciones no fueron producto de ninguna apuesta o expresión de deseos simplemente; pocos días después y por una ineptitud virtual –o tal vez, no se sabe, para dar un mensaje explícito– del senador Antonio Barrios, al transmitir para la Cámara de Senadores, se pudo ver la razón más concreta para su contundente afirmación: Horacio Cartes, sentado a su lado, monitoreando una sesión del Congreso. Óscar González Daher logró realizar así, en pleno momento de juicio oral, una tremenda demostración de fuerza a amigos y enemigos, al tiempo de exhibirles que sigue firme bajo el paraguas cartista y operando desde la mismísima mansión del expresidente. Para muchos, esta transmisión virtual de Cartes y de González Daher es solamente el sombrío y tenebroso preanuncio de una justicia que podría, en las próximas horas, convertirse en el símbolo más elocuente, repugnante y cómplice de las mafias en el Paraguay. Sería la estocada final de un sistema que revienta pútrida pus por todas partes.

Puede que la Fiscalía no encuentre nada en contra de Óscar González Daher; no es ningún secreto para todo el Paraguay que la fiscala general del Estado, Sandra Quiñónez, le debe el cargo al expresidente y actúa como una operadora cartista. Pero además, para quien no se contenta con las suposiciones, basta con mirar y ver la desolación en el equipo fiscal que puso Quiñónez para pelear contra los bufetes jurídicos más costosos del Paraguay. Como la esperanza es lo último que se pierde, es de desear que, por un momento, al menos, los jueces se nutran de decencia y patriotismo y no se arrodillen una vez más ante los poderes fácticos.

Es probable que González Daher diga la verdad, que la Fiscalía no tiene nada en su contra, pero eso no significa de ninguna manera que no existan claros y contundentes hechos criminales que atentaron contra la correcta aplicación de la Justicia. Las voces frías y calculadoras de estos pérfidos actores planificando cómo aplastar a jueces, fiscales y abogados en causas desde las más sencillas hasta las más multimillonarias y de mayor complejidad, resonarán para siempre en cada rincón del país donde vayan.

El Ministerio Público tuvo casi tres años para prepararse para esta guerra; tuvieron más de mil días para diseñar estrategias probatorias, llamar a testigos claves, incluyendo aquellos jueces y fiscales con los que se oye hablar a los pérfidos actores de la historia. Tuvieron tiempo para hacer cruces de llamadas con esos protagonistas y en las fechas en las que se sospecha que ocurrieron los casos. Es más, usando el audio de Óscar González Daher con el abogado Óscar Tuma, quien lo recrimina por haberle hecho firmar un petitorio para ayudar a Ramón González Daher, se pudo hasta haber construido un dibujo de los aprietes que el usurero llevaba ante la Fiscalía para luego conseguir que los jueces despojaran –con ardides– a centenares de compatriotas que se quedaron sin sus clubes, estancias, casas, lotes y fábricas.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Puede que en las próximas horas –y en uno de los más negros capítulos de la justicia en el Paraguay– los jueces Héctor Capurro, María Fernanda García de Zúñiga y Juan Carlos Zárate decidan que el Estado paraguayo no tiene absolutamente nada contra Óscar González Daher, Jorge Oviedo Matto, Carmelo Caballero y Raúl Fernández Lippmann. Hasta puede que apliquen un recurso que ya no es novedad, el de responsabilizar totalmente a la Fiscalía de malos trabajos o procedimientos, y quizá puede que en algo tengan razón. Sin embargo, todo el caso de la filtración de audios es un gigantesco árbol de Navidad, está lleno de luces fijas e intermitentes, pleno de indicios y evidencias, señales que pudieron haberse escarbado, investigado y materializado ante el mismísimo rostro del Tribunal con el apoyo de la mismísima Auditoría practicada por la Corte Suprema de Justicia.

Puede que hasta los declaren libres de culpa y pena, pero los ecos de sus voces torciendo, aplastando, arrodillando y sodomizando a la Justicia los acompañará lo que les quede de vida. Y por cierto, el cartista Óscar González Daher tiene otra vergüenza extra: ni él, ni sus descendientes pueden ni podrán poner un solo pie en Estados Unidos, ya que el Gobierno de ese país lo incluyó en una lista de “significativamente corrupto” y les retiró la visa a todo el grupo familiar. En la infinita orfandad de la Justicia paraguaya queda la triste realidad de que el único castigo posible parece que será este. Si bien los indicios son ominosos, deseamos equivocarnos, y que triunfe la Justicia.