Desde que asumió el cargo en 2018, Mario Abdo Benítez fue complaciente con varios funcionarios que eligió para acompañarlo de cerca en su Gobierno. Al principio podía pensarse que la inexperiencia del colorado estronista le impedía tomar decisiones firmes. Pero con el trascurso del tiempo, son demasiados los casos de corrupción que ocurrieron en el círculo palaciego: el intento de negociado con la venta de energía de Itaipú, la compra de insumos por parte de Dinac, el intento de acuerdo con una empresa proveedora de combustibles, los turbios manejos de la expresidenta de Petropar y muchos otros fatos que probablemente desconocemos.
Lo último que saltó fue la inexplicable gestión de parte de su jefe de Gabinete Civil, Juan Ernesto Villamayor, para acordar una salida a la deuda contraída por Petropar durante gobiernos anteriores. Ayer Villamayor dio una extensa conferencia de prensa con muchas palabras pero pocas explicaciones. Sigue sin estar claro quién dio el primer paso para llegar a los borradores del acuerdo, cómo llega a la mesa Sebastián Vidal, abogado del tío del presidente, por qué ninguna de las partes quiere asumir esa decisión, cómo se llega al sideral porcentaje de honorarios profesionales.
Dice el cercano colaborador de Marito que no hay ningún problema porque no se firmó un acuerdo, supuestamente debido a que él cortó las negociaciones. Lo que no se entiende es qué tiene que hacer un jefe de Gabinete Civil negociando una deuda de Petropar, siendo que al tratarse de una cuestión que afecta al patrimonio del Estado paraguayo, es competencia del Procurador General de la República, sobre todo porque existe un litigio instalado en la Cámara Internacional de Comercio con sede en París.
Pero más allá de la costumbre de encontrar a “Juancho” en trámites sospechosos, siempre relacionados con el patrimonio del Estado, lo preocupante es la figura del Presidente de la República. Es inconcebible que Abdo Benítez siga comportándose como quien no tiene nada que ver con hechos que ocurren a su lado, con personas de su estrecha confianza.
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Es llamativa la frase dicha por Villamayor en la conferencia cuando se le consultó si el Presidente le daba aún su respaldo. Dijo que era él “quien debía apoyar al Presidente”. ¿Qué debemos entender por eso? ¿Tiene el Presidente real control sobre lo que pasa en su Gobierno? Actúa constantemente dando la sensación de temor, sin firmeza en casos graves de corrupción. En lugar de haber apartado de inmediato al funcionario, ordenando una investigación a la Secretaría Anticorrupción, que ocupa su tiempo presentando planes y powerpoints, se llamó a silencio como siempre, permitiendo que la burbuja presidencial se siga inflando.
Resulta una burla a la ciudadanía pretender desde el Palacio de López que Marito no sabe nada del affaire Villamayor-PDVSA. Lo más probable es que sabe perfectamente lo que se estaba gestando, que fue la cercanía del abogado de su tío con PDVSA lo que les hizo sugerir la intervención del mismo en las “gestiones”, que sus acercamientos y encendidos tuits a favor de Guaidó tenían una motivación más allá de sus poco creíbles credenciales democráticas. Tal vez, solo tal vez, una motivación podría ser el monto que tenía prometido el abogado del tío, al suscribirse el acuerdo descubierto y rechazado por autoridades venezolanas. El secretismo con que se manejó el asunto, así como las credenciales nada elogiables del principal gestor “Juancho”, permiten formular toda clase de suposiciones.
El termo que habita el Presidente está cada vez con mayor presión, el que explotará en algún momento si este no toma decisiones acordes a su famosa frase “caiga quien caiga”.
Marito está generando señales muy fuertes de su dudosa capacidad para gobernar el país, ya que los hombres elegidos por él son incompetentes o corruptos, y lo sabe. Si lo sabe sin tomar medidas mínimamente aceptables para corregir manejos turbios, es porque forma parte de estas trapisondas. Su conducta empieza a incursionar en causales de juicio político, circunstancia provocada exclusivamente por él mismo, cual síndrome de autodestrucción.