Estos impresentables habitualmente cuentan con el apoyo de poderosos padrinos y de corrientes internas de sus partidos, que les garantizan impunidad para enriquecerse ilegítimamente y para repartir las sobras entre sus séquitos mediante palancas y cuotas en la administración pública y en la Justicia, al tiempo de proporcionarles recursos y estructura para comprar conciencias y obtener para sí un porcentaje de votos cautivos con los que mantener sus privilegios.
Es entendible que, de tanto verlos caer bien parados una y otra vez, aliándose con este o con el otro según la conveniencia, abrazándose sin escrúpulos ni pudor con quien sea con tal de seguir medrando a costa de sus comunidades, saliéndose con la suya sin que pase absolutamente nada, mucha gente haya llegado a creer que es inútil luchar contra ellos y que es mejor mantenerse al margen, sobre todo en el interior, donde los caudillismos suelen ser más fuertes y los pobladores quedar más expuestos.
Sin embargo, hay al menos tres razones que hacen pensar que esto podría estar cambiando y que estos comicios podrían ser un gran punto de inflexión en esa dirección.
La primera es que en los últimos tiempos la sociedad paraguaya ha sido protagonista y testigo de la caída de varios de esos clanes que hasta hace no mucho parecían invencibles, pero que se toparon con un categórico ¡basta! de la ciudadanía, como los Zacarías y los González Daher, por citar dos de los ejemplos más emblemáticos. Esto no significa que estén vencidos y que no van a intentar por todos los medios recuperar sitiales de influencia, pero la historia rara vez tiene marcha atrás y difícilmente vuelvan a ser lo que eran.
La segunda importante razón es que por primera vez los electores tendrán la oportunidad de elegir, no solo de votar. Con la introducción del “voto preferencial” se rompe parcialmente el sistema de listas sábana, con lo cual ya no será suficiente comprar con dinero o componendas un lugar en la lista para asegurarse un curul, sino que habrá que tener votos efectivos. Con seguridad los impresentables llevarán sus contingentes, pero sería una gran lección ciudadana y un gran paso para la democracia que, a pesar de eso, muchos de ellos se quedasen afuera.
Adicionalmente, el uso de la tecnología electrónica, además de posibilitar un modelo electoral más justo y moderno, impide viejos vicios con los que se ha burlado sistemáticamente la voluntad popular, y reduce el poder relativo de las estructuras partidarias, ya que los votos quedan registrados en el sistema y el “control” en las mesas pasa a un segundo plano. No en vano es el principal blanco de ataques, con el argumento de que puede ser manipulado, como si ese riesgo no existiera con el método tradicional y como si la tecnología digital en el siglo XXI no se utilizara para los fines más sensibles, desde mover trillones de dólares hasta viajar al espacio.
La tercera razón de suma relevancia es que, de los 4.644.536 habilitados por la Justicia Electoral, 1.457.822 tienen entre 18 y 29 años. Componen el 31,38% del padrón, más que cualquier otra franja etaria. Son jóvenes nacidos en este milenio, en democracia, acostumbrados a la tecnología y a la libertad de expresión, con mentalidad del futuro, no del pasado. La mayoría votará por primera vez y se ejercitará para las elecciones nacionales de 2023, con el potencial de provocar un viraje radical en las reglas del juego de la representación política en el mediano plazo.
Por lo tanto, apreciada ciudadana, estimado ciudadano, su voto cuenta y mucho, hágalo valer, no lo desperdicie. Cuando esté en el cuarto oscuro, piense en que está ejerciendo una de sus mayores responsabilidades con su comunidad y con su país. Al finalizar los conteos sabremos si hemos avanzado como sociedad. Y si no, cada cual y su conciencia sabrán de quién es la culpa.