La primera gran polémica del Mundial 2026 no la generó un gol discutido ni un penal dudoso. La protagonizó un gesto: taparse la boca. El mismo que días atrás le había costado la expulsión a Miguel Almirón ante Turquía, en uno de los momentos más complicados de la selección paraguaya en el torneo.
Jude Bellingham, figura de Inglaterra y elegido MVP del partido ante Ghana, fue captado por las cámaras cubriéndose la boca mientras se dirigía al ghanés Jordan Ayew en el empate 0-0 del martes en Boston. El árbitro Said Martínez observó la acción, el VAR revisó la jugada y la decisión fue no intervenir. Cero tarjetas. Cero consecuencias.
El contraste con lo ocurrido con Almirón es imposible de ignorar desde Paraguay.
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Cómo nació esta norma
La regla tiene un origen concreto. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, impulsó su implementación tras el escándalo protagonizado por Gianluca Prestianni, extremo del Benfica, quien recibió una sanción de seis partidos por parte de la UEFA por conducta homofóbica hacia Vinícius Jr. del Real Madrid durante un partido de Champions League en febrero. La medida, aprobada el 28 de abril de 2026 por FIFA e IFAB, establece que cubrirse la boca durante una confrontación con un rival puede derivar en expulsión directa.
Antes del torneo, Pierluigi Collina, jefe de árbitros de la FIFA, fue explícito al explicar sus alcances: los jugadores pueden seguir tapándose la boca cuando charlan con compañeros o en conversaciones amistosas, ya que eso es completamente normal antes, durante y después de un partido. El problema surge cuando el contexto es de agresividad. “Cuando la conversación es agresiva, cubrirse la boca significa que se está cometiendo una falta grave, potencialmente, y la sanción es la tarjeta roja”, señaló Collina.
La clave, entonces, no es el gesto en sí mismo. Es el contexto en que ocurre. Los dos casos fueron explicados en un material de Dale Johnson para la BBC.
Por qué Almirón sí fue expulsado
Según la BBC, cuando Almirón se tapó la boca ante Turquía, el partido atravesaba un momento de máxima tensión. Isidro Pitta había caído al suelo reclamando una entrada peligrosa de Ismail Yuksek, lo que desencadenó una trifulca generalizada entre ambos equipos. En ese clima, el volante paraguayo se cubrió la boca mientras hablaba con Mert Muldur. Aunque Almirón no participó directamente en los empujones, el contexto era de confrontación clara.
El árbitro asistente de video intervino y recomendó la tarjeta roja. El árbitro principal, el salvadoreño Iván Barton, acató la recomendación: “Después de la revisión. Número 10. Paraguay. Se ha cubierto la boca. La decisión es: ¡roja directa!”. Almirón se convirtió así en el primer jugador expulsado bajo esta normativa en la historia del fútbol.
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El propio Infantino respaldó la decisión el martes. “Esto de taparse la boca es una regla muy, muy importante para nosotros. Se trata de respeto. Se trata del ejemplo que debemos dar. Si no tienes nada que ocultar, no te tapas la boca al hablar con alguien. Las reglas se han explicado con mucha claridad a todos”, declaró el máximo dirigente del fútbol mundial.
Como resultado, Almirón cumplirá una fecha de suspensión y se perderá el partido decisivo de Paraguay ante Australia en la fase de grupos, duelo en el que ambas selecciones probablemente necesiten al menos un punto para avanzar a los dieciseisavos de final. La sanción podría haber sido mayor si se hubieran encontrado pruebas de lenguaje ofensivo.
Por qué Bellingham no fue sancionado
En el caso del inglés, el contexto era diferente. No había animosidad visible entre Bellingham y Ayew en el momento del gesto. Eran, según las imágenes, simplemente dos jugadores conversando. Y en casi todos los partidos de este Mundial se han registrado situaciones similares, con futbolistas y hasta árbitros tapándose la boca al hablar entre sí sin consecuencia alguna.
La diferencia entre la expulsión de Almirón y la impunidad de Bellingham reside, precisamente, en ese margen de interpretación que la norma deja abierto para el árbitro, asegura la nota de la BBC.
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Una norma que ya genera dudas
Ese mismo margen abre interrogantes incómodos. Existe la posibilidad de que un jugador utilice la regla estratégicamente para provocar la expulsión de un rival en un momento de tensión, algo que ya se insinuó en el caso de Almirón: el paraguayo no parecía actuar con agresividad, mientras que Muldur se giró de inmediato para señalárselo al árbitro asistente.
La norma, además, es de adopción opcional. Cada competición puede elegir si la implementa o no, y hasta el momento solo está vigente en esta Copa del Mundo. La dificultad para aplicarla con criterio uniforme y el riesgo de que sea utilizada de forma malintencionada hacen improbable que las ligas nacionales la adopten en el corto plazo.
Finalmente, todo queda librado a la interpretación de los árbitros, quienes deciden si les parece que fue con buena o mala fe sin tener ninguna prueba. Desde Paraguay, la pregunta sigue en el aire: si el gesto fue el mismo, ¿por qué la sanción fue distinta?

