Stroessner vive... en la APF

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Está visto que en nuestro país restan todavía algunos oscuros bolsones en los cuales habita el espíritu del dictador Stroessner, expresando toda su prepotencia y arbitrariedad. Uno de ellos, quizás el más llamativo, es la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), que se permite manejar sus asuntos en el más estricto hermetismo y cuyos dirigentes actúan con abierto desprecio hacia la legalidad, como las normas constitucionales que establecen y garantizan las libertades fundamentales de las personas. Recientemente, el señor José Roldán, gerenciador del club Olimpia de Itá, se permitió criticar la distribución de los cuantiosos ingresos que recibe la APF, y la escasa cantidad que les llega a los clubes de la Primera B y Primera C. Como consecuencia, la APF le aplicó una multa y le prohibió ingresar a los espectáculos deportivos que organicen esa propia entidad y los clubes dependientes de ella, por el término de dos meses. Este caso es digno de atención para toda la ciudadanía, porque afecta a la misma libertad fundamental de expresión, que debe ser protegida contra todo intento de avasallamiento, venga de donde venga.

Está visto que en nuestro país restan todavía algunos oscuros bolsones en los cuales habita el espíritu del dictador Alfredo Stroessner, expresando toda su prepotencia y arbitrariedad. Uno de ellos, quizás el más llamativo, es la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), que se permite manejar sus asuntos en el más estricto hermetismo y cuyos dirigentes actúan con abierto desprecio hacia la legalidad nacional, como las normas constitucionales que establecen y garantizan las libertades fundamentales de las personas.

El último caso en el que los más altos dirigentes de la APF mostraron sus garras dictatoriales es reciente. Es el que afecta al señor José Roldán, gerenciador del club Olimpia de Itá, quien realizó declaraciones a este diario cuestionando a dirigentes de la APF, criticando, entre otras cosas, que estén percibiendo millones de dólares en diversos conceptos derivados de los espectáculos deportivos, mientras distribuyen apenas cuarenta millones de guaraníes anualmente a cada uno de los trece clubes de la Primera B y veinte millones a los de la Primera C, actitud que calificó de “vergonzosa y miserable”.

Además, contrastó este hecho con lo que juzgó el grosero derroche de dinero que cometen los dirigentes de la APF cuando se trata de beneficiarse ellos mismos, con, por ejemplo, “viajes en primera clase, hoteles de lujo, jugosos viáticos y regalos costosos como las guampas de 40.000 dólares, mientras los clubes sobreviven mediante la caridad de la gente”. Además, denunció que obligan a los clubes de categorías inferiores a realizar publicidad de las empresas “recomendadas” por ellos, amenazándoles con represalias si contratan con competidoras.

Estas declaraciones del Sr. Roldán provocaron la reacción destemplada del presidente de la APF, Alejandro Domínguez, quien, después de “ningunear” al denunciante, movió su maquinaria interna para aplicarle dos sanciones disciplinarias: una multa y la prohibición del acceso “a todo y cualquier estadio, de todo y cualquier club asociado a la APF y/o en el que se organice un partido por parte de la APF o de los clubes asociados, por el plazo de dos meses”. Esta arbitraria represalia se aplicó, aseguran Domínguez y su directiva, en virtud de un “Código Disciplinario de Ofensa al Honor y Deportividad” que rige dentro de su asociación.

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De modo que el tal código prohíbe a la gente vinculada al fútbol la libre expresión y crítica, en contradicción directa con el Art. 26 de la Constitución Nacional y con el espíritu democrático que nuestra sociedad nacional está construyendo afanosamente desde el derrocamiento de la dictadura stronista, proceso que, evidentemente, aún no llegó al seno de la APF. Esto es digno de atención para toda la ciudadanía, esté o no interesada en el fútbol, porque afecta a la misma libertad fundamental de expresión, que debe ser protegida contra todo intento de avasallamiento, venga de donde venga.

A menudo se hizo notar, en comentarios de círculos deportivos, que la APF se maneja como si fuese una entidad monárquica, que está por encima de la ley. Se cree que esta actitud proviene del poder económico que le proveen sus enormes ingresos, que parece nublar la mente de sus dirigentes de “primera clase” convirtiéndolos en pequeños tiranos que se arrogan la potestad de prohibir críticas y objeciones, de sancionar, de dar órdenes irrebatibles, de conceder o denegar recursos que deberían pertenecer a todos los clubes, de impedir que sus asuntos internos sean ventilados en los estrados judiciales, como cualquier otro, y resolverlos secretamente en el interior de la organización, con adjudicación de premios y castigos a “leales” y “sediciosos”, siguiendo el conocido estilo de las organizaciones de tinte mafioso.

En este singular momento que se vive en el ámbito deportivo, cuando todas las organizaciones vinculadas al gran negocio del fútbol están sumergidas en un escándalo de amplitud global, acusadas formalmente de corrupción en los cinco continentes, resulta que los dirigentes de la APF se permiten generar un pequeño escándalo local, asumiendo una actitud tiránica, intransigente, casi histérica, porque alguien se permitió “la audacia” de criticarlos y ponerlos en evidencia públicamente. Sin duda, nuestros altos dirigentes de fútbol se consideran intocables, verdaderos señores feudales frente a un grupo de siervos. ¿Quién les dio semejante prerrogativa?

Considerando que el deporte goza del privilegio de estar exento del pago de impuestos, estaría muy bien que, aprovechando esta época de limpieza moral que estamos comenzando a vivir en el Paraguay, algún organismo público como la Secretaría Nacional de Deportes, la Seprelad, u otro, hurgue en la entidad matriz del fútbol para esclarecer su manejo, como está ocurriendo en otros países del mundo y en nuestra propia región. Sería muy saludable para el país, y particularmente para los deportistas, saber qué es lo que cocinan tan en secreto esos “propietarios” del negocio deportivo más lucrativo del país y del mundo.

Lamentablemente, no puede esperarse mucho coraje de parte de los dirigentes deportivos de menor nivel, pues, según afirman ellos mismos, están todos intimidados por aquellos que se comportan como Stroessner en miniatura, amenazándolos con represalias o sancionándolos con castigos tales como no ser invitados a viajar, no recibir obsequios especiales o no compartir la mesa principal con los grandes comensales en las fastuosas fiestas del fútbol nacional, continental o mundial. Ahí está a la vista lo que le pasa a José Roldán, para que cualquier posible revoltoso sepa lo que le sucederá si osa criticar a los todopoderosos popes del fútbol local. Así mismo actuaba el “Único líder”.

Si la APF está manejada por una claque exclusiva, conformada por tiranuelos, contra la que pocos o nadie se siente tan fuerte como para oponerse, es lógico pensar que en el aspecto económico se estén conduciendo en forma tan arbitraria como en lo demás.

Es hora oportuna, pues, para ratificar que la libertad de expresión es invulnerable, y para que esta “primavera anticorrupción” inaugurada por los estudiantes también alcance al fútbol y clarifique sus negocios.