El viernes todos los buzos que fueron contratados por los familiares desistieron de la búsqueda del náufrago. Antes ya dejaron de buscar los buzos de la Armada Nacional y del cuerpo de bomberos del Brasil.
Solo un grupo de familiares y amigos del capitán desaparecido, de tanto en tanto, navegan el río en la zona donde se produjo la tragedia. Intentan ubicar la embarcación hundida con ganchos de hierro sujetados a cuerdas.
Tienen la esperanza de que el cadáver del capitán continúe atrapado en la cabina de madera del barco, que se desprendió del casco de hierro cuando fue estirada por una grúa, que logró sacar a la superficie esa parte de la embarcación, pero luego volvió a caer a la profundidad.
Sin embargo es ínfima la posibilidad de encontrar el cuerpo con dichas tratativas. Veintiséis personas estaban el barco, de las cuales 10 eran tripulantes y 16 eran turistas brasileños. De todos ellos, doce se salvaron.
