Campos de concentración y acoso sin límites de la dictadura comunista china

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Imagen de archivo de una protesta de uigures emigrados a Estados Unidos, reclamando justicia por la masacre del 5 de julio de 2009 cometido por la dictadura china contra esta minoría étnica.
Imagen de archivo de una protesta de uigures emigrados a Estados Unidos, reclamando justicia por la masacre del 5 de julio de 2009 cometido por la dictadura china contra esta minoría étnica.

Los uigures (minoría étnica en China) que escaparon de la represión del régimen, siguen viviendo con miedo, incluso fuera de ese país. Estar en el extranjero, tener un pasaporte occidental, no basta para protegerlos del despiadado acoso de la dictadura totalitaria comunista.

SÍDNEY (AFP). Los textos y mensajes de audio inquietantes, o las amenazas directas a familiares que aún viven en la región china de Xinjiang, muestran que la sombra del poderoso aparato de seguridad del Estado chino es alargada.

El intento de silenciar a los opositores y reclutar informantes llega a democracias tan lejanas como Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Los grupos de derechos humanos calculan que China ha internado a hasta un millón de personas, uigures y otros miembros de minorías, en campos de concentración que el régimen comunista denomina “campos de reeducación”.

Guly Mahsut, de 37 años, que huyó a Canadá, cuenta que tuvo deseos de suicidarse, y que fue hospitalizada luego de recibir una ráfaga de mensajes de la policía comunista, amenazando a su familia en Xinjiang.

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“Deberías haber sido más cooperativa. No seas la causa de la desgracia de tus allegados y de tu familia en Toksun. Deberías haber sido más atenta con tu familia”, se puede leer en uno de los mensajes.

Recibió también mensajes de los suyos, de su hermana menor, suplicándole que abandonara las actividades políticas y “cooperara” con las autoridades.

Una investigación de la AFP reveló recientemente que los uigures radicados en Francia también reciben presiones de las autoridades chinas.

Acoso global

La agencia noticiosa entrevistó a más de una docena de exiliados en cuatro continentes y tuvo acceso a múltiples mensajes que procederían de los servicios de seguridad chinos.

Todo apunta a una campaña sistemática en Pekín para infiltrarse en la diáspora de todo el mundo, reclutar informantes, crear desconfianza y sofocar las críticas al régimen.

Shir Muhammad Hasan, de 32 años, logró llegar a Australia en 2017. Con su condición de refugiado, pensó que estaba a salvo. Sin embargo, apenas un año después, empezaron a llegarle los mensajes siniestros.

“Supongo que tu familia ya te ha dicho que te estoy buscando”, dice el primer mensaje. Otros textos le siguen, pidiéndole que envíe detalles sobre su vida antes de exigir un encuentro “para conocerse”. “Le pedí que me enviara un breve resumen sobre usted, pero no lo hizo”. “Tenemos que sentarnos y hablar”.

No hay forma de escapar

Estas prácticas tienen efectos devastadores en muchos exiliados, paralizados por el miedo a lo que podría pasarles a sus familiares en China si no se someten.

Arslan Hidayat vive en Estambul. Nació en Australia y quiere hablar, pero sus parientes mayores, incluida su suegra, cuyo marido está detenido, creen que guardar silencio limitará la ira de las autoridades comunistas.

Los esfuerzos chinos por crear redes de informantes son también una fuente de fricción y desconfianza entre las comunidades uigures en el extranjero.

Los medios de comunicación han relatado campañas similares contra los tibetanos, los disidentes, los militantes taiwaneses, los miembros de la secta prohibida Falun Gong y los estudiantes chinos en el extranjero.

Algunos uigures, incluso aquellos que tienen una nacionalidad extranjera o un permiso de residencia permanente, creen que no hay ningún medio de escapar al control del Estado policial chino.

La masacre del 5 de julio de 2009

El 5 de julio de 2009, el régimen comunista chino perpetró una masacre en Urumqi, capital de la región de Xinjiang.

Días antes, obreros chinos habían matado a varios uigures.

La comunidad uigur se manifestó en las calles, pidiendo que se investigue el hecho.

La policía china respondió con una sangrienta represión que derivó en lo que se conoce como la “masacre de Urumqi”.

El régimen chino habla de 200 muertos y 17.000 heridos, pero datos filtrados demuestran que la masacre fue aún mayor.