Unas 270 personas murieron tras el colapso de la presa, el 25 de enero de 2019, que sepultó gran parte de la región bajo un torrente de lodo.
El lugar ya nunca será el mismo, pese a las millonarias indemnizaciones de unos US$ 480 millones que Vale fue condenada a pagar.
Los ausentes no son olvidados, y los bomberos siguen buscando hasta ahora los desaparecidos.
“Brumadinho es pequeño, y la mayoría de la gente se conoce. Yo he ido a unos 30 o 40 entierros”, cuenta Natalia de Oliveira, que perdió a una hermana y a amigos.
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Al duelo se suman la devastación y el impacto ecológico de los 12 millones de metros cúbicos de lodo cargado con residuos mineros que se desprendieron del dique. El siniestro es particularmente visible en los suburbios rurales: casas abandonadas, poblaciones desplazadas, pescadores y agricultores a quienes se prohibió ejercer su oficio.