Devoción y estampitas

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Otros dirigentes en la región siguen mostrando su fe como talismán contra el coronavirus. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, provocó una intensa polémica en el país al pedir a los mexicanos que cargaran consigo amuletos y estampitas de santos y vírgenes para frenar el coronavirus.

En Centroamérica, el presidente de El Salvador, Nayhid Bukele, ya dijo en febrero que había hablado con Dios para después irrumpir en el Parlamento con policías y militares. El casi autogolpe “divino” no llegó a mayores aunque marcó el ritmo político de un dirigente prudente en la lucha contra el coronavirus.

La devoción mariana es muy común en la región y por eso no es extraño que en un acto oficial, el presidente de Colombia, Iván Duque, llame a la protección de la Virgen de Chinquinquirá, patrona del país. En el territorio vecino, como no podía ser menos, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, animó a realizar una cadena de oración para que se consiga la vacuna definitiva contra el covid-19.

Y las llamadas a un poder superior se repiten en todo el continente.

Todas estas respuestas religiosas a un problema global sanitario son una muestra más de que la religión sigue gozando de buena salud en América Latina y que está muy presente en el espacio público... y político.

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