El texto, titulado Magna Carta Libertatum, escrito íntegramente en latín, trascendió las fronteras de Inglaterra y se convirtió en fuente de inspiración de constituciones de varios países.
Fue promulgada en 1215 por el rey Juan I, que luego se arrepintió y pidió al Papa declarar su nulidad.
Pero en 1225 el hijo de Juan I, Enrique III, emitió una nueva versión y en 1297 Eduardo I la incorporó a la legislación inglesa.
La Carta Magna es un documento símbolo de la libertad del individuo y el derecho a un juicio justo.
“Ningún hombre libre será retenido o encarcelado, o despojado de sus derechos o posesiones, o declarado ilegal o exiliado (...) A nadie se le denegará o retrasará el derecho o la justicia”, establece una de sus más icónicas cláusulas.