Celebran fiesta más sagrada del chiísmo pese a ataques

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TEHERÁN, ISLAMABAD (EFE). Los chiíes conmemoraron ayer el día de Ashura, principal festividad de esta corriente minoritaria del islam, en un ambiente de entusiasmo y emoción que se ha visto alterado por una serie de atentados de naturaleza sectaria en Irak, Yemen y Pakistán que han segado la vida de una veintena de personas.

Este es el segundo atentado de estas características que se registra este fin de semana en Pakistán, país que alberga la minoría más cuantiosa de chiíes en un estado suní. El sábado, otras siete personas perecieron y 22 más resultaron heridas al explotar otro artefacto durante una procesión de penitentes chiíes en Dera Ismail Khan.

Muerte de Husein

Ashura es el décimo día del mes de Muharran, fecha durante la que los chiíes lloran la muerte de Husein, nieto de Mahoma, asesinado en la localidad iraquí de Kerbala en el año 680 del calendario cristiano junto a su estirpe por las huestes suníes al mando del califa omeya Yazid I.

Aquella masacre forma parte de la herencia cultural y espiritual de los chiíes, que la consideran un martirio y la confirmación de una usurpación que comenzó cuando, tras la muerte de Mahoma, no se le concedió el liderazgo de la incipiente comunidad musulmana a Alí, sobrino y yerno del profeta y padre de Husein.

Alí fue finalmente designado califa tras el deceso de otros tres predecesores, pero murió asesinado por un miembro de una tercera secta mahometana en Kufa, lo que dio origen a la escisión en el seno del islam.

Los chiíes, que suponen una quinta parte de la población paquistaní, suelen celebrar con júbilo la Ashura en Pakistán aunque los atentados de tintes sectarios se repiten con frecuencia, como las tres explosiones ocurridas el 21 de noviembre que causaron la muerte a 27 personas en las ciudades de Rawalpindi y Karachi.