El allanamiento del apartamento del mayordomo, Paolo Gabriele, confirmó que el hombre de confianza del Papa conservaba numerosas cartas, escritos y fotocopias de los mismos documentos publicados en el insólito libro de Nuzzi.
“Paoletto”, la primera y última persona que el Papa veía todos los días, fue detenido y pasó 53 días en una celda ubicada detrás de la basílica de San Pedro, al término de los cuales le concedieron la detención domiciliaria, siempre dentro del Vaticano.
Ante las autoridades judiciales vaticanas, el mayordomo papal confesó que se sentía “invadido por el Espíritu Santo” para develar “el mal y la corrupción” que cunde dentro de la Iglesia, angustiado por la manera con que dejaban de informar al Papa sobre los numerosos escándalos que azotan a su pontificado.
El 13 de agosto, la magistratura vaticana pidió que se juzgue al mayordomo Paolo Gabriele por “robo agravado” y a un técnico informático de la Secretaría de Estado, Claudio Sciarpelletti, por haber “colaborado” con él.
El Vaticano prometió además que el juicio se iniciará en octubre y que será público, pero la investigación judicial no ha sido cerrada. La prensa italiana lanza todo tipo de teorías, menciona posibles cómplices, sospecha de varios jerarcas.
Dos o tres, identificados con iniciales en el acta de instrucción divulgada por el Vaticano, tuvieron los documentos filtrados en sus manos.
El misterioso padre espiritual de Gabriele, el padre B, llegó inclusive a quemar la copia que recibió.
Algunos medios apoyan la teoría del complot organizado por los cardenales de nacionalidad italiana, preocupados por la creciente pérdida de poder interno y aseguran que se preparan para retomar las riendas de la Iglesia en el próximo cónclave, o elección del Papa.
