Los vecinos de Riberalta –650 km al noreste de La Paz, donde Morales entregó el monumento el miércoles– debieron acudir el domingo pasado en masa al aeropuerto y, debido a la falta de servicios de emergencias en la estación aeroportuaria, intentar infructuosamente con ramas de árboles, tierra y baldes de agua apagar el fuego de un avión en llamas.
El presidente del grupo parlamentario de Beni en el Congreso, Juan Carlos Ojopi, cuestionó a Morales por realizar en esa ciudad “este gasto innecesario, superfluo, e inaugurar una estatua de Chávez en vez de invertir en condiciones de seguridad para el aeropuerto de Riberalta”, según manifestó.
“Si (Morales) quiere rendir homenaje a sus próceres, por qué no lo lleva al Chapare (región cocalera y cuna sindical y política del mandatario)”, protestó David Coca, presidente del Comité Cívico de Beni. “Cómo si no tuviéramos próceres acá; estamos muy molestos”, agregó.
Pobladores de Riberalta se mostraron ofuscados ante medios locales por la instalación del monumento mientras el aeropuerto continúa sin un carro de bomberos que, de haber existido, pudo haber salvado vidas humanas, según testigos de la tragedia.
“No queremos un monumento a Chávez en el pueblo. El Gobierno debe instalar servicios de emergencia, no monumentos. ¿Cuáles son las prioridades?”, se preguntó una residente ante la televisión local.
