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Ayer fue una agitada jornada. La delegación paraguaya salió bien temprano del albergue que se encuentra 60 km de Río para ir a participar de la vigilia. Todos bajaron en la Central, y tuvieron que caminar más de 10 km. para llegar a la avenida Atlántica. Se hizo un gran esfuerzo. “Todo por Jesús”, dijeron los peregrinos.
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Un caos se generó por el cambio de sede de la vigilia y misa de envío. El sitio para estos eventos quedó inundado por las intensas lluvias que cayeron, pero para los peregrinos fue una acertada idea, porque según dijeron, en la Ciudad Maravillosa se siente la brisa del mar.
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Conseguir los kits de alimentos fue un gran caos. No abasteció el personal y se generaron interminables colas; algunos no los recibieron porque la espera era muy cansadora. Además, volvieron los chaparrones.
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Un grupo de argentinos que se hospeda en el colegio Kubitschek, dio la nota negativa. Se pasan la noche cantando, y utilizan el albergue –compartido con los paraguayos– para estar en pareja bajo las sábanas. Una compatriota recriminó a una de esta, y tuvieron que salir de la pieza.
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En otra de las piezas compartidas por paraguayos y argentinos, un sacerdote estaba siendo masajeado por dos chicas del mismo grupo del anterior. El coordinador paraguayo lo recriminó por la escena y obligó a las mujeres a abandonar el cuarto. La organización tuvo que advertir a los desubicados.