Jesús enseña que para un rico es más difícil entrar en el Reino de Dios, pero no es imposible; de hecho, Dios puede conquistar el corazón de una persona que posee muchos bienes y animarla a ejercer la solidaridad y a compartir, dijo el Papa.
Y relató el episodio de un hombre rico al que Jesús invitó a repartir sus bienes y así alcanzar la felicidad y la vida eterna, a lo que el hombre se negó.
“En ese momento, Jesús dijo a sus discípulos –y a nosotros también– en su enseñanza ‘¡qué difícil es para los que poseen riquezas entrar en el Reino de Dios’¡”, aseveró Benedicto XVI.
Ante estas palabras, los discípulos se quedaron atónitos –relató el Papa– y más aún cuando Jesús agregó: “‘Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de Dios’. Y viéndoles desconcertados –prosiguió el Papa– Jesús añadió: imposible a los ojos de los hombres, pero no para Dios”.
Hizo referencia el Obispo de Roma a San Clemente di Alejandría, para quien la parábola enseña a los ricos que no deben descuidar su salvación como si estuvieran ya condenados, ni tirar al mar su riqueza, ni condenarla como insidiosa y hostil a la vida, pero deben aprender de qué modo deben usar la riqueza y ganarse la vida”.
Benedicto XVI nombró a personas ricas que usaron sus propiedades de modo evangélico y alcanzaron la santidad como San Francisco, Santa Isabel de Hungría o San Carlos Borromeo.
El sábado, 14 monjes franciscanos, procedentes de Europa Occidental que fueron a predicar su fe a principios del siglo XVII a Praga, entonces mayoritariamente protestante, y fueron asesinados en 1611 por una multitud enfurecida, fueron beatificados en la ciudad.
