MADRID (AFP). “El problema más importante que tiene Felipe es legitimar su propia posición, porque hereda el trono pero no el aprecio, ni el respeto de su padre”, Juan Carlos I, afirmó el politólogo Antón Losada, señalando la ola de republicanismo desde que el rey, de 76 años, anunció su abdicación el lunes.
Aquella noche, decenas de miles de españoles se manifestaron para reclamar un referéndum sobre el futuro de la monarquía. En muchas localidades catalanas, la bandera independentista, ornada de una estrella blanca, se mezcló con la roja, oro y violeta de la II República española.
Coronado dos días después de la muerte del dictador Francisco Franco, en noviembre de 1975, Juan Carlos se ganó el respeto del país al devolverle la democracia, impulsando en 1978 una Constitución de amplio consenso en un país hasta entonces dividido.
Felipe, de 46 años, hereda ahora una corona empañada por los escándalos y el desafío de Cataluña, gran región del noreste determinada a organizar el 9 de noviembre un referéndum independentista, puede ser “una oportunidad para él”, consideró Losada. “Para que pueda jugar el papel que jugó Juan Carlos en su momento, de mediar, de evitar que se rompan los puentes”, explica.
Desde principios de año, Felipe viajó seis veces a Cataluña, brindando en cuatro ocasiones en público con el presidente catalán Artur Mas, duramente enfrentado al Gobierno español de Mariano Rajoy desde hace tres años en medio de creciente independentismo en una región de 7,5 millones de habitantes, donde la crisis económica atizó viejas tensiones políticas.
Felipe se entrevistó asimismo, según la prensa, con decenas de empresarios catalanes, preocupados por las consecuencias económicas de una independencia.
“Puede ser un rey proactivo para Cataluña, que hable frecuentemente con las autoridades catalanas, con las instancias sociales y económicas catalanas y que medie en los conflictos”, consideró José Antonio Zarzalejos, exdirector del diario conservador español ABC.
Para Losada, la inesperada abdicación de Juan Carlos responde a la necesidad de adaptar a los nuevos tiempos el modelo de país creado por la Constitución de 1978.
“El análisis que hace el rey es que el modelo que sale de la transición ya no da más, ya no tiene capacidad para resolver, por ejemplo, la cuestión territorial de una España con 17 regiones algunas de las cuales exigen autogobierno”, indicó. Empero, el margen de maniobra del nuevo monarca será muy inferior al de su padre.
