El 6 de agosto de 1945, un bombardero B-29 estadounidense llamado “Enola Gay” lanzó sobre esta ciudad la bomba atómica “Little Boy”, y tres días después, otra bomba, “Fat Man”, caía sobre Nagasaki, forzando la rendición japonesa el 15 de agosto y el consecuente fin de la Segunda Guerra Mundial.
La bomba de Hiroshima causó una deflagración que hizo subir la temperatura en el suelo a 4.000 grados centígrados. “Little Boy” provocó ese mismo día y en las semanas siguientes la muerte de 140.000 personas. En Nagasaki, 74.000 personas perdieron la vida.
Coincidiendo con este aniversario, vuelve a aparecer en Japón la polémica sobre la cuestión de las armas nucleares.
Hace un mes, Japón se sumó a otras potencias nucleares, como Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que critican el tratado adoptado por las Naciones Unidas para prohibir las armas nucleares.
Durante la ceremonia anual de conmemoración, en el Memorial de la Paz de Hiroshima, el primer ministro Shinzo Abe afirmó por su parte que Japón esperaba militar por un mundo sin armas nucleares de una manera en la que todos los países estén de acuerdo.
“Para alcanzar realmente un mundo sin armas nucleares, necesitamos la participación tanto de los Estados nucleares como de los Estados no nucleares”, dijo Abe.
“Nuestro país quiere mostrar el camino a la comunidad internacional alentando a ambas partes” para avanzar hacia la desnuclearización, añadió, sin mencionar el tratado de la ONU.
