La ablación, práctica que consiste en extirpar o seccionar cualquier tejido de los genitales a las mujeres (principalmente el clítoris) por motivos culturales o religiosos –y no médicos–, pone en riesgo, cada año, a más de tres millones de niñas, según la OMS.
La Cruz Roja estima, además, que alrededor de 30 millones de niñas pueden ser víctimas de esta violación de derechos humanos en los próximos 10 años.
Uno de los países donde más se sufre la lacra de la mutilación es Mali, donde, según denuncian varias ONG, la mutilación afecta cada año en torno al 90% de las mujeres de entre 15 y 49 años, esto es, a 9 de cada 10 mujeres, 746 niñas al día que son, en muchos casos, menores de 5 años.
La práctica, que todavía se lleva a cabo en 29 países de África, Asia y Oriente Medio, presenta los índices más altos en países africanos, según denuncia la ONG Plan International: Guinea (97%), Egipto (92%), Sierra Leona (90%), Etiopía (74%) y Guinea Bissau (50%).
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Las mutilaciones genitales femeninas son una violación a los derechos humanos que provoca problemas de salud graves como infecciones, infertilidad y otras complicaciones.
La eliminación de esta práctica es uno de los objetivos para el desarrollo sostenible redactados por la ONU y presentado ante la Unión Africana, la Organización para la Cooperación Islámica y la Unión Europea.
Ayer se vivió el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. El secretario general de la ONU, António Guterres, envió un mensaje con duras críticas a la mutilación genital femenina.