“Chile ha perdido a un gran demócrata”, destacó la presidenta chilena Michelle Bachelet tras conocerse la muerte del líder político, que durante las últimas décadas se convirtió en un referente de la democracia.
Aylwin sucedió a Pinochet el 11 de marzo de 1990, dando inicio un periodo de transición marcado por su histórico pedido de perdón por las 3.200 víctimas que dejó la dictadura.
Tuvo que convivir con la desafiante presencia del exdictador al frente del Ejército erigido en vigía de su propio legado, tras perder un referéndum en el que los chilenos le dieron la espalda.
El Gobierno chileno decretó tres días de duelo oficial en honor al exmandatario, integrante de la Democracia Cristiana, que murió en su casa rodeado de su familia, tras semanas de agonía.
“Había alcanzado la avanzada edad de 97 años. Su deceso se produjo por causas naturales”, dijo su hijo Miguel Aylwin a la prensa frente a la casa donde falleció.
El viernes está previsto su funeral de Estado, en el que se esperan personalidades políticas de la región y de otras partes del mundo.
La mandataria anunció que baraja suspender un viaje que tenía previsto a Estados Unidos, para poder participar en las exequias que arrancarán hoy en la sede del Congreso y que concluirán con el funeral de Estado.
