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Tensiones en Cuba por revés en lenta reforma económica

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

LA HABANA (EFE). La prohibición de vender ropa importada en Cuba ha encendido la polémica y desatado un visible malestar entre comerciantes privados que desde hace algunos años se dedican a ese negocio y que ahora parecen abocados de nuevo al mercado negro, en medio de unas reformas económicas que avanzan lentamente.

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Con el desarrollo del trabajo privado -“cuentapropismo” en jerga cubana-, en los últimos años proliferaron multitud de pequeños comercios.

Quienes venden esa mercancía en la isla lo han hecho al amparo de la licencia de “modisto” o “sastre”, que, en rigor, no contempla la comercialización de ropa comprada en el exterior, si bien la actividad se había tolerado hasta ahora.

Pero, a finales de septiembre el Gobierno de Raúl Castro decretó que la venta de esos productos adquiridos fuera del país constituirá una infracción.

“¿Y por qué no pararon esto desde que empezó? Hace como dos o tres años que ‘dieron cordel’ (permitieron) y nunca pusieron un ‘stop’. Y ahora hay gente que ha hecho hasta boutiques y todo, hay mucho dinero invertido (...) No sé realmente qué va a pasar, pero estamos molestos con esto”, se queja Yaumara, empleada de una de esas tiendas.

Solo en media manzana de esa zona de La Habana se concentran al menos doce tiendas de ropa, que siguen abiertas a pesar de la prohibición pero donde los ánimos están “en candela”, como dicen los cubanos, por el malestar e incertidumbre que ha provocado el decreto.

“¿A estas alturas vienen con ese cuento? Tienen que reflexionar: esto no es para enriquecerse, esto nada más es ‘pa comer’ porque la vida está durísima”, dijo a Efe Mabel, de 56 años, a la puerta de su pequeña casa en cuyo interior se ven, colgadas de precarios percheros, diversas prendas de ropa que su hijo le manda desde España.

“La cuenta es sencilla: solo Centro Habana tiene más de 14.000 ‘cuentapropistas’. Si lo multiplicas por dos empleados, son casi 30.000 personas que, de la noche a la mañana, mandan a la calle, a ‘delincuenciar’. No nos están quitando la ropa, lo que están quitando son puestos de trabajo”, denuncia Yasmani, un joven de 26 años.

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