El séxtuple homicidio fue descubierto en la tarde del lunes 9 de abril de 2001, aunque ocurrió en la madrugada del viernes 6 de ese mismo mes, en una casa situada en la calle Azara y ruta Mariscal Estigarribia, en pleno centro de San Lorenzo, frente al estadio del club Sportivo San Lorenzo, donde ahora funciona un salón velatorio.
Los asesinados fueron el dueño de casa, Nicolás Almirón (de 70 años), su concubina Herminia Colmán Esquivel (33), la hija de ambos, Marilú Almirón Colmán (12), y la hija del hombre, Lorenza Almirón (14). También perdieron la vida Melania Colmán (30), hermana de Herminia, y su hijo Gustavo Ortiz Colmán (12).
El principal autor del hecho, el guarambareño Cruhy Arroyo Folle, tenía cuando eso 27 años de edad y había salido de la cárcel dos meses antes. Como cómplice fue condenado también su hermano Julio César, quien en el momento del crimen tenía 15 años, por lo que su condena fue de solo ocho años.
El comisario general director retirado Antonio Gamarra y el ahora suboficial superior José David Schémbori fueron los principales investigadores del caso.
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Ambos dijeron ayer, al recordar el interrogatorio de hace 19 años a Cruhy Arroyo Folle, que este y su mujer vivían en San Lorenzo en un salón que alquilaban de don Nicolás Almirón. La pareja permaneció unida hasta que Cruhy fue encarcelado por robo de vehículos y un tiempo después su mujer también cayó con un cargamento de marihuana.
Supuestamente, la droga hallada en poder de la mujer de Cruhy Arroyo Folle pertenecía a don Nicolás Almirón, pero cuando ella fue encerrada el señor de 70 años se desentendió de la situación y se negó a ayudarla para recuperar su libertad, siempre según el testimonio de los policías Gamarra y Schémbori, basado a su vez en lo que contó el asesino múltiple.
Cuando Cruhy Arroyo Folle salió libre, su mujer seguía presa en el Buen Pastor. Entonces, el guarambareño echó a andar su plan de venganza contra Nicolás Almirón.
Supuestamente, su plan inicial era matar solo “al viejo”, como había descripto Arroyo Folle a Almirón. De hecho, lo masacró con una pala y después le perforó la boca, en señal de que habló de más. Necesariamente, Cruhy tuvo que someter también a la mujer de Almirón, Herminia Colmán. Como el resto de la familia le vio la cara y ya lo conocían, Arroyo Folle también procedió contra todos los que estaban en la casa en ese momento.
Las seis víctimas fueron torturadas hasta quedar inconscientes. Las dos mujeres adultas y las dos adolescentes fueron violadas.
Aún con vida, don Nicolás Almirón, su mujer, sus dos hijas, su cuñada y su sobrino fueron arrojados a una fosa de dos metros de largo por un metro de ancho y un metro de profundidad.
El pozo fue cavado en el patio de la casa de la familia Almirón, en medio de tres plantas de mango. Los cuerpos fueron apilados uno sobre el otro y sepultados con una primera capa de arena, después basura, leña, una carpa y finalmente otra capa de arena.
Tras enterrar aún vivas a sus víctimas, Cruhy Arroyo Folle robó todo lo que pudo de la casa y huyó. Después de ser detenido en Guarambaré, se recuperaron la camioneta de don Almirón y algunas otras pertenencias de las que Cruhy intentó deshacerse.
El asesino fue descubierto ya que por casualidad, cuando estaba siendo fichado al salir de la cárcel, dos meses antes del séxtuple homicidio, anunció frente a un grupo de policías que su primera tarea en libertad sería matar a un hombre que falló con él, refiriéndose a Nicolás Almirón.
De hecho, cuando se produjo la masacre, los familiares de Almirón dijeron también a la Policía que el único que había amenazado al señor era Cruhy Arroyo Folle.
El último elemento que cerró el caso fue que al ser buscado en su casa, 24 horas después del horrendo hecho, Cruhy Arroyo Folle ya había sustituido su acostumbrada melena por un look con la cabeza completamente rapada. Después, se encontraron parte de los objetos robados y ahí sí se completó la pesquisa.
