Mons. Valenzuela fue ayer el celebrante que impartió el orden sagrado del diaconado permanente a ocho laicos casados que estudiaron teología y pastoral; mientras otros tres seminaristas recibieron el diaconado transitorio (próximos a ser sacerdotes).
Los ordenados permanentes son: Hugo Aquino Cardozo, Hugo Arias Ávalos, Sixto Bobadilla Duarte, Víctor Gamarra Sánchez, Luis Medina, Daniel Ozuna, Reinaldo Vargas Achucarro y Pedro Vielman Díaz. Los transitorios son: Francisco Blanco, Joffre Silva y Hugo Jiménez.
El acto tuvo lugar en la Catedral Metropolitana que estuvo repleta de fieles, la mayoría de las parroquias de donde son originarios los nuevos consagrados.
Al resaltar la misión de los diáconos, en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, y la persecución que sufrieron, indicó que hoy la Iglesia sigue perseguida “incluso por disparateros”, en alusión al senador Paraguayo Cubas, que hace unos días acusó en un video de abusador y pedófilo al obispo de Concepción, Mons. Miguel Ángel Cabello. Lamentó las groserías que se dijo contra su persona.
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Los casados llegaron a la jerarquía con el permiso de sus respectivas esposas, requisito fundamental para ser diácono permanente.
La misión de los diáconos
Son atribuciones del diácono el servicio, ayudar al párroco en el altar, proclamar el Evangelio, acompañar la actividad pastoral en la comunidad, llevar la comunión al enfermo y oficiar exequias. Puede impartir el sacramento del bautismo y bendicir una boda. Obedientes al obispo y al sacerdote, les ayuda en el altar en el acompañamiento de la liturgia. Pueden ser comisionados por el obispo a atender una determinada comunidad o preparar la formación de los fieles de un lugar que aspira ser parroquia. Allí puede oficiar la liturgia de la palabra, bendecir los objetos de piedad, así como dirigir la catequesis para niños, jóvenes y orientar a las parejas que celebrarán el sacramento del matrimonio.
