Las crisis revelan más pobreza y la enorme desigualdad social

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Las crisis económica, social y sanitaria, en fin, todas “las crisis”, revelan la pobreza del ser humano no solo en el campo de la psiquis, sino en lo social y cultural. Pero lo que más demuestran las crisis son la pobreza y desigualdad social. Ante esta situación predominan el individualismo y el miedo, afirma el médico psiquiatra Martín Moreno.

El miedo no evita el contagio. En estos días de cuarentena tienen que prevalecer la serenidad, la disciplina y la colaboración. Yo te cuido, vos me cuidas, entre todos nos cuidamos. Vivir en armonía, trabajar lo afectivo, el relacionamiento con el vecino. Entender lo comunitario comprendiendo lo bueno quizás ayudaría a toda la sociedad y, entre todos, entender y defender los derechos de todos, que al final beneficia a la mayoría.

El médico psiquiatra Martín Moreno, exdocente en la carrera de Psicología Comunitaria de la UC y de la UNA, con formación en Construccionismo Social, dice que vivimos desmoralizados y ante esta situación predominan el individualismo y el miedo, situaciones propias del sistema capitalista.

Dos palabras que nos colocan en varias situaciones de la vida, del sálvese quien pueda, una sociedad que naturaliza el embarazo en niñas y adolescentes, que ignora los números de feminicidios, la situación de maltrato en la que se encuentran las criaditas, el maltrato y abandono del familiar enfermo, la violencia, y así hay miles de ejemplos que podemos citar y que hoy nos interpela la cuarentena por el coronavirus.

“El superar el orden social implica el quiebre de los límites para dar lugar a una explosión social; en ella emergen actitudes dispares que convergen en acciones que enmarcan una brecha de diferentes conductas, que van desde las coherentes con la propuesta como la de cuidarse, cuidar y controlar. Mientras, otras son impulsivas, quizás motivadas por el contagio, no del virus propiamente dicho, sino del miedo a contraerlo, generando desde enojos, discusiones, acusaciones en relaciones espontáneas de falta de cuidado con los parámetros de la no contaminación.

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Dibujo de la artista Rebeca Benítez en el libro “Desmanicomialidades. Cuentos, divagues, delirios”, de Martín Moreno.
Dibujo de la artista Rebeca Benítez en el libro “Desmanicomialidades. Cuentos, divagues, delirios”, de Martín Moreno.gentileza

“El contacto afectivo de cercanía, piel, tono de voz, palabras, se ha extinguido y fue reemplazado por un torbellino de noticias falsas o verdaderas que se constituyen en la compañía de la confusión. “Sin embargo, las redes de amigos y vecinos allí están cerquita, sobre las murallas, que, en esta invasión del cuidarnos, no tocarnos, permanece a un metro, saludar como japonés, se constituye como el consuelo y la contención de este penoso momento”, explica Moreno.

El exdocente en la carrera de Psicología Comunitaria nos comenta que entender la crisis social implica una incapacidad de dar una respuesta (afectiva, motora, social) efectiva y ecuánime a esta nueva situación. Implica comprenderla en el marco de los desastres naturales, en los que dejan emerger las carencias personales, así como las del sistema social que los acoge.

“En la mirada sociocomunitaria, estos desastres presentan tiempos que no siempre coinciden con los plazos de los calendarios, ni relojes. Este constructo se modula en el darse cuenta (tesape, guaranítico que al decir de Bartolomeu Melià: tesa/ojo, pe/de tape, o sea, ojo en el camino obscuro), o sea, existirá un tiempo personal en el que cada cual irá resolviendo sus confusiones o dilemas y conversará con miembros de su familia, constituyendo también un tiempo familiar.

“De esos tan necesarios, para que las conversaciones se vuelvan protagónicas para la toma de consciencia y cada quien pueda sentirse, existir, ser validado y acompañado.

“Otro momento será el tiempo sociocomunitario en el que los grupos puedan reorganizarse, en comunicaciones virtuales y buscarán rescatar la alegría sin verse, sin tocarse, sin encontrarse”.

Desigualdades

Martín Moreno dice: Por otra parte, el capitalismo centrado en el egocentrismo de las ganancias, darán la contracara deshumanizante de la situación, en ella la regulación de precios, la especulación, la usina de rumores harán lo suyo; aprovechando el miedo irreflexivo por la parálisis colectiva y así lucrar con la desgracia colectiva.

Desatándose una puja entre los lazos afectivos de la comunidad, y los contubernios socioeconómicos de los privilegios, cuyas expresiones se dan en la regulación de precio, el desabastecimiento y el temor colectivo de lo incierto.

En ese contexto, se pudo distinguir un tiempo político, que se enmarcó en mandatos legales, que marcaron el cierre de espacios que puedan facilitar la contaminación, constituyéndose en un tiempo de mandatos y obediencia, buscando: controlar, custodiar y proteger.

clopez@abc.com.py