Barrio Obrero: donde es un placer hablar de ciclones

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Existe un solo lugar en Paraguay donde la palabra “Ciclón” se escribe con mayúscula y está relacionada a la magia que producen los empeines de once jugadores: se trata del Barrio Obrero. Sin embargo, hay quienes niegan que la zona sea totalmente cerrista, pero eso no le conviene al mito.

Desde la Avenida 5ª, y a horas del clásico entre Cerro Porteño y Olimpia, resulta difícil imaginar que en 1918 gran parte del Barrio Obrero fue adquirido a partir de la sucesión de Higinio Iriarte, y que en 1933, tras una gran creciente, el intendente Bruno Guggiari encargó ubicar a las familias damnificadas en esta zona. Resulta difícil, porque cuando uno se pone a hablar con sus habitantes, y pese a que en el barrio existen también los clubes Nacional, Sol de América y Atlántida, la conversación se tiñe de azulgrana. “Estoy orgullosa de mi barrio y de mi club Cerro Porteño”, comentó Nelda Calderón, de 20 años, que vive en 18 Proyectadas y Capitán Figari. “Acá no solo se festejan las victorias de Cerro, sino que también cuando Olimpia pierde”, agregó Juan Carlos, de 33 años, envuelto en la bandera de su club.


Otras personas, como Benita de Riveros, coordinadora de comisiones vecinales del lugar, menciona que existen igual cantidad de olimpistas y de cerristas en el lugar, pero que eso no le conviene al mito.

Barrio Obrero tiene una población de 21.201 habitantes y una extensión de 2,3 kilómetros cuadrados. Según don Rodolfo López, antiguo poblador, su nombre se debe a que este era el sitio de donde salían los obreros que iban a trabajar a distintos puntos del área metropolitana. Se trata de uno de los barrios más populosos de la capital donde tiene su sede nada menos que uno de los clubes de fútbol más importantes: Cerro Porteño.

Volver a la infancia

Según el escritor español Javier Marías, el fútbol es la recuperación semanal de la infancia, y en Barrio Obrero este teatro de la vida se llama la “Olla Azulgrana”, el estadio del club en la Avenida Quinta. “Cuando el equipo juega de local es impresionante, sobre todo el ruido de los bombos y la hinchada”, admite don López, que vive detrás de la “Olla”, en 9ª Proyectada y Antequera. “Para mí, los domingos que juega Cerro son sagrados en el barrio”, opinó Alejandro Calderón, de 17 años.

Reflejo del mundo, en el barrio conviven la pasión por el deporte y los problemas sociales. Doña Elba Ayala tiene 80 años y mientras cocinaba unas tortillas, en su casa ubicada en 13 Proyectada y Antequera, lamentó que la droga crack esté matando a la juventud en el barrio. “Ahora quiero hacer mis caminatas y no puedo salir, es peligroso. Por primera vez en mi vida le tengo que poner candado a mi portón”, se quejó.

Tomás Bobadilla tiene 51 años, fue jugador de fútbol en el Club Nacional y se encarga de coordinar todas las actividades deportivas en Barrio Obrero. “Se puede utilizar la importancia que se da al deporte en el barrio para hacer que los niños se alejen de las drogas”, insistió el hombre encargado de una escuela de fútbol que cuenta con 40 alumnos.

En este sentido, la Municipalidad de Asunción ya inició la construcción del denominado Parque Deportivo Arsenio Erico, en 21 Proyectada, donde se utilizarán 21 cuadras para construir canchas para todo tipo de deportes, que se traducen en una inversión de alrededor de G. 3.500 millones.

Hoy el barrio tiene un aire especial. Mientras la Comuna espera recaudar este año más G. 3.530 millones en el lugar en concepto de Impuesto Inmobiliario y el Hospital de Barrio Obrero espera brindar las 2.500 consultas que acostumbra por semana, el hincha solo encontrará alivio en su barrio cuando el árbitro dé el pitido final y el marcador esté teñido de azulgrana.