Explicó que el trabajo es un derecho natural, asegura los medios de subsistencia y garantiza el proceso educativo de los hijos, por lo que el desempleo, la injusta remuneración del trabajo y el vivir sin querer trabajar son contrarios al designio de Dios.
“Hoy les decimos a todos, el que no quiera trabajar, que no coma”, como decía San Pablo.
En ese sentido, apuntó: “Cuántas personas hay en Paraguay que no quieren trabajar y quieren entrar solo en instituciones públicas, para trabajar solo dos a tres horas por día. Todos sabemos que son un despropósito estos hechos. Eso, sin mencionar a los parlamentarios que trabajan un poquísimo tiempo y cuando quieren, ganando salarios exorbitantes, olvidando la premisa de que el que no trabaja no debe comer”, resaltó.
El prelado señaló que la actividad empresarial es buena y es necesaria cuando respeta la dignidad del trabajador, el cuidado del medio ambiente y se ordena al bien común. La misma se pervierte cuando, buscando solo el lucro, atenta contra los derechos de los trabajadores y la justicia.
Al respecto, manifestó que “yo sé que acá hay personas que están reclamando justicia en el pago de los beneficios” (refiriéndose a extrabajadores de Itaipú, presentes en la misa, con carteles de reclamos).
Agregó que muchos hermanos de nuestra patria, desesperados, en busca de justicia llegan hasta hacerse daños a sí mismos.
En ese sentido, algunos llaman y dicen que la Iglesia no les ayuda y no es así. “La Iglesia siempre pide por la vida y yo personalmente les pido a estos que hicieron huelga de hambre que tengan en cuenta que la vida es un tesoro de Dios. La vida es de todos, sin distinción de condición social o física y debe ser defendida acá y en cualquier otro país. Nadie bajo ningún sentido o por necesidad debe hacerse daño a sí mismo”, apuntó.
En la celebración también estaban presentes víctimas de Curuguaty, que exigían justicia y esclarecimiento de los hechos.
Finalmente, el obispo dijo que muchos piensan que los que trabajan fuera del país reciben chorros de dinero. El dinero es enviado por los migrantes y acá ya nadie quiere trabajar. Muchos, incluso, piensan que eso es lo mejor, y jamás puede ser lo mejor: el exilio por causa del trabajo.
