La excantera del cerro Tacumbú es uno de los paisajes más bellos de Asunción, pero ningún niño que asiste al preescolar lo dibuja cuando se le pide una tarea. “Para ellos ya no llama la atención”, comentó Dolly Benítez, directora del colegio y escuela Presidente Chaves.
En este lugar el barullo colectivo que interrumpe la siesta de los vecinos y las tareas escolares no es el fútbol sino el trompo. Un juguete es un catálogo de aquello que ya no le asusta al adulto, como por ejemplo las armas, pero en este barrio el trompo escapa a la frialdad del plástico y ofrece el milagro de girar en la palma de la mano.
“Desde G. 2.000 ya se puede comprar un trompo”, comentó Carlitos al salir de la escuela Pdte. Chaves.
El nombre de este barrio tiene una leyenda que narra que el hermano del cacique Lambaré se instaló en el lugar luego de una disputa con el mismo; de allí provendría su nombre. En su topografía resalta una excantera que en el pasado era explotada por los militares y por los presos de la cárcel de Tacumbú.
Algunos vecinos memoriosos, como Pastor Ramón Arévalos, señalan que de la cantera salió el material para empedrar las calles 14 de Mayo y Yegros y que los primeros grifos de agua potable recién llegaron en 1962 y estaban en Chiang Kai Shek y O’Leary.
El crack y el trompo
En la actualidad la excantera es el lugar elegido por los jóvenes para fumar una pepita de crack y donde las familias se han ido instalando y formando pequeños laberintos. “El problema es el consumo de drogas que fue aumentando con los años”, comentó Sara Cartesi, que vive a metros de la excantera, donde tiene una despensa.
Según datos de la comisaría de la zona, el crack circula con fuerza por la zona mediante el microtráfico. Hasta la fecha la Comuna ha recaudado del barrio en concepto de impuesto inmobiliario y por servicios como recolección de basura y barrido de calles más de G. 1.800 millones, pero no se ven mejoras sustanciales
En los callejones, alrededor de la excantera, el sentido de lo público y lo privado se confunde. Caminando por los mismos uno puede escuchar la queja de una señora contra su marido, percibir el olor de mandioca hirviendo en la casa siguiente y saber la música que escucha el vecino.
Don Arévalos tiene 78 años y vive en la casa 519 de la calle 21 Proyectada. Los recuerdos que más aprecia tienen como escenario a Tacumbú. Allí conoció a su actual esposa y allí jugó en su querido club Nacional como arquero. “Lastimosamente se va perdiendo la disciplina. Nadie respeta a los mayores ni las mejoras que se hacen”, comentó. El municipio se encuentra construyendo en el paseo de 21 proyectada el parque deportivo “Arsenio Erico”, que tendrá 15 módulos para diferentes deportes, con una inversión de G. 3.800 millones, pero los vecinos piden que esta acción sea acompañada con programas sociales contra las drogas y a favor del empleo.
foto:Malena Olivetti y Raúl González
