MADRID (EFE). De todo ello va precisamente la primera novela que Cilento publica en español, “Lisario o el placer infinito de las mujeres”, editada por Alfaguara, una historia ambientada en el Nápoles del virreinato español, en los primeros años del siglo XVII, una ciudad de revueltas y epidemias, “hecha de hidalgos, caballeros, caras de perro y abogados. De curas y furcias”.
Una urbe barroca “empobrecida por los impuestos españoles” , que atrae a grandes pintores del resto de Europa, españoles, lombardos, holandeses, flamencos..., habitada por poetas y escritores y en la que “la delincuencia y la prostitución están fuera de control”. La ciudad de hoy –comenta Cilento– se le parece todavía muchísimo.
Por su caótica estructura urbana se pasean los españoles de rostro melancólico y piadoso que llenan los burdeles con aspecto de haber venido a “intimar” con cilicio, escribe la autora.
Nápoles es, pues, mucho más que el telón de fondo en el que transcurre la historia de Lisario, una joven muda y narcoléptica que vive con naturalidad su placer.
Algo que nunca acabará de entender su esposo, un medicucho catalán, Avicente Iguelmano, que la utilizará como experimento científico, obsesionado por algo que entonces, y ahora también en muchas ocasiones, puntualiza Cilento, no interesaba a los hombres: el disfrute de las mujeres.
“Creo –destaca la escritora– que la sensibilidad femenina lleva a las mujeres a sentir placer con la imaginación y con toda la percepción física, mientras que normalmente el placer masculino no educado es mecánico, repetitivo, ligado solo a la satisfacción local y poco atento al éxtasis compartido. El placer masculino es uno; el de las mujeres, múltiple y está diversificado”, insiste.
Lisario, una mujer adelantada a su tiempo, que escribe, lee a escondidas y sueña con ser gitana y lázaro, comadreja y halcón, delfín y gaviota, vive en el siglo XVII pero es claramente una de nosotras, una mujer de hoy.
“Con su capacidad para reírse del poder y continuar siendo fiel a sí misma, a pesar de las condiciones serviles en las que vive, es claramente una de nosotras”, afirma Antonella Cilento.
Nos habla –continúa– desde un tiempo lejano, pero nos dice a las mujeres de hoy que nos corresponde únicamente a nosotras ser como hemos soñado ser.
“Frente a esta actitud de Lisario, su esposo, Avicente, vive atormentado ante el miedo a perder el control; imagina con terror –advierte Cilento– una sociedad en la que los hombres ya no son necesarios. Es la encarnación de un miedo todavía existente, contrarreformista y globalizado al mismo tiempo”.
Ese miedo que, según la autora, angustia a muchos hombres es el que les lleva a matar, a ser violentos con sus esposas y novias. Es hijo de una gran ignorancia y también de una cierta inconsciencia por parte de las mujeres, que a menudo aún no son del todo dueñas de sus propios deseos, y por temor a no ser amadas, a ser rechazadas, toleran comportamientos realmente extremos.
“El placer infinito –concluye Antonella Cilento– es un poder infinito: la infinita capacidad de ser feliz con uno mismo y con las propias parejas, pero la felicidad da mucho miedo porque requiere concienciación, responsabilidad”.
