El Saneamiento Moral de la Nación sigue pendiente

Este artículo tiene 12 años de antigüedad
Imagen sin descripción

El 12 de junio de 1979, los obispos de Paraguay dieron a conocer una revolucionaria carta pastoral denominada: El Saneamiento Moral de la Nación. A 34 años de aquel acontecimiento, a excepción de la caída de la dictadura, la realidad social, económica y moral del país, no ha cambiado nada. Continúan la corrupción, la delincuencia, la impunidad, los fraudes y robos. Por ser un documento importante, transcribimos algunas preocupaciones resaltadas por los obispos en su momento; y que aún siguen vigentes.

El documento se refiere primeramente a la situación política del país, en ese momento, bajo la sanguinaria dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

Denunciaban los obispos las arbitrariedades, como las represiones, las restricciones a las libertades y otras barbaridades que cometía el despótico régimen.

En una segunda parte, analiza la administración del Estado; luego, a los ídolos de la riqueza, del placer y del poder; y finalmente, al compromiso que deben asumir los cristianos.

“De la corrupción pública y privada queremos ocuparnos hoy con más detenimiento”, señalaban los obispos al denunciar los robos y la impunidad, y agregan que la quiebra de los valores morales, en efecto, atañe directamente a todos y a cada uno de los ciudadanos.

Una respuesta adecuada a esta situación de corrupción pública “exige nuestra conversión personal y el saneamiento de nuestras instituciones públicas y privadas”.

Violencia e impunidad

Los pastores advertían del ritmo creciente en que sucedían los hechos delictivos. Al mismo tiempo criticaban la impunidad de que gozaban sus autores y la reacción cada vez más resignada y permisiva de la gente.

Pedían a los paraguayos, y especialmente a los cristianos, a ser la conciencia moral de la nación y el fermento liberador de nuestra sociedad.

“Nos preocupa y alarma porque esta quiebra de valores morales significa la pérdida del horizonte moral en la mayoría de nuestros conciudadanos. En palabras de Pío XII podemos decir: Falta a nuestro tiempo el sentido del pecado”, decía el documento.

Los obispos insistían en que se estaba perdiendo visiblemente los valores y que aumentaban en contrapartida los actos delictivos.

Dicha situación imperante en la sociedad significaba, para los obispos, la destrucción del mismo hombre, de la persona humana, la única portadora de los valores morales. Era la descristianización que en ese momento estaba llegando a “niveles alarmantes”.

Las grandes obras

Al referirse a la situación económica del país en la década del 70, valoraban los grandes emprendimientos y obras de infraestructuras, que han traído indiscutible progreso económico, pero al mismo tiempo lamentaban que este progreso favorezca en forma directa a un sector muy pequeño de la población. (Hace tres años, el país registró un crecimiento económico de 13%, y los obispos cuestionaron por qué los bienes no llegaban a los sectores más pobres).

“En efecto, el hombre de la calle ve cada vez más automóviles, comprueba que hay más bancos y casas de cambio; se multiplican grandes tiendas y supermercados. Las vitrinas están llenas de artículos suntuarios que van desde baratijas a productos electrónicos y juguetes sofisticados; la propaganda atropella con sus ofertas de cigarrillos, bebidas y perfumes; estimula deseos artificiales. Es la sociedad de consumo en acción? Es el predominio del dinero”, decían los obispos.

Ídolo de la riqueza

Para los pastores, el ídolo de la riqueza, como valor supremo, exige adoradores incondicionales y sacrificios crueles. Es insaciable y pide ganancias rápidas y suculentas, sin mirar a los medios. “He aquí una primera fuente de corrupción: hay que conseguir dinero de cualquier modo! Somos testigos de toda clase de robos y de fraudes”, afirmaban. Agregan que la emisión de cheques sin fondos, el contrabando –no solo de hormigas, sino a gran escala– las quiebras fraudulentas no son novedad y ya no escandalizan a nadie, que es lo más grave. Es el trabajo honesto y paciente el que se ha vuelto raro y llama la atención.

Asimismo, criticaban los sueldos de ejecutivos y altos empleados, que han aumentado vertiginosamente, en tantos que otros sectores como los maestros, personal del servicio doméstico, agricultores y los beneméritos de la patria ganaban muy poco. La consecuencia de todo estos es la brecha de la desigualdad económica entre los ricos y los pobres. “En síntesis, con este consumismo materialístico se ha polarizado el interés egoísta, el afán del dinero, un deseo insaciable de tener más en detrimento gravísimo del ser más. Al perder la disciplina del trabajo honesto y subestimar la honradez, hemos llegado a la apología de la ganancia fácil y de la explotación humana”, decían los obispos.

Quiebra de valores

Al referirse al ídolo del placer, los pastores señalaban que la quiebra de valores afecta principalmente a las relaciones de convivencia cotidiana. Los filmes, revistas y anuncios que propagan la pornografía, la permisividad del ambiente han hecho que el placer sexual primara sobre el amor; es como si fuera un fin en sí.

La carta pastoral también se refiere al ídolo del poder. (Como la situación política ha cambiado con la caída de la dictadura, avanzaremos en otros aspectos de la postura de los obispos).

“Hoy queremos agregar a estos hechos negativos las calumnias y falsas delaciones que tan profundamente lesionan la convivencia social”, puntualizaban los religiosos. Denuncian, además, el abuso de autoridad y prepotencia, sobre todo en el interior del país, donde hubo atropello y desalojo contra pobladores campesinos y agricultores, con apoyo de las autoridades locales e indiferencia de las superiores.

“Muchas veces son las mismas instituciones encargadas de promover el bienestar rural las que son responsables de estas situaciones: dobles títulos de propiedad, mensuras y demarcaciones defectuosas, favoritismos e influencias injustificables. Pero, aun admitiendo el legítimo derecho de los propietarios, se han de respetar siempre los derechos inalienables de las personas y la consideración debida especialmente a los pobres”, puntualizaban.

Rehacer el tejido social

Los obispos decían que la causa de estos males era el egoísmo humano y aquellos que modelan, para bien o para mal, el comportamiento humano. Ante esta realidad, pedían a los cristianos rehacer el tejido social, dar sentido y orientación a la acción humana individual y colectiva. “Rehacer el tejido social de la nación con el fin de asegurar formas humanizantes de relación entre todos los miembros de nuestra sociedad es tarea urgente”, indicaban.

La estabilidad política o el progreso material que se logra en estas condiciones se vuelven inhumanos por el enorme costo social y humano que reclama. ¿Es posible justificar el progreso contra el interés social de la gran mayoría para favorecer desmesuradamente a una minoría de privilegiados? se preguntaban.

Finalmente, invitaban a la superación en la vida humana, a través de la conversión.

Obispos de aquella época

Ismael Rolón Silvero (+)

Felipe S. Benítez (+)

Aníbal Maricevich (+)

Demetrio Aquino (+)

Carlos Milciades Villalba

Ángel Nicolás A. Duarte (+)

Agustín Van Aaken (+)

Juan Bockwinkel (+)

Jorge Livieres Banks

Alejo Ovelar (+)

Mons. Pedro Shaw (+)