La unción en Betania

Seis días antes de la Pascua Jesús participó de una cena en casa de su amigo Lázaro, y su hermana María tomó un frasco de perfume de mucha calidad y precio, ungió los pies del Señor y los secó con sus cabellos.

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Estos tres días de la Semana Santa, lunes, martes y miércoles, llevan a entender más profundamente lo que Jesús hizo para reconciliarnos con Dios.

Lunes Santo: contemplamos como María, hermana de Lázaro, ungió los pies de Jesús, para lo cual afirmó que ella tenía guardado este perfume para el día de su sepultura. Lo llamamos “Lunes de la unción”. 

Martes Santo: seguimos a Cristo en su padecimiento al ser negado por su apóstol y elegido, Judas Iscariote. Lo especificamos como “Martes de la traición”. 

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Miércoles Santo: escuchamos cómo el Señor orienta a los apóstoles para preparar la Última Cena, además, cómo Judas lo engañó. Decimos “Miércoles de la preparación”. 

Igualmente, en estos tres días leemos tres cánticos del Siervo de Yavé, de acuerdo con el profeta Isaías.

Acompañamos concentrados a Cristo en la Semana Santa, y aunque Él sepa perfectamente lo que le espera, sigue firme para ser fiel a la voluntad del Padre. Es un notable ejemplo para que nosotros no desfallezcamos en la lucha para vivir la equidad y la fraternidad.

Además de la Ceniza, con que empezamos esta época de conversión, hay otros símbolos cuaresmales que se prestan para entender mejor lo que pasa y porqué debemos cambiar nuestras actitudes.

1. Éxodo: debemos “salir” de nuestra condición de personas materialistas, consumistas y egoístas para “entrar” en la tierra que mana humildad y solidaridad; 

2. Desierto: son las arideces de la vida, la falta de apoyo, de compañía y de consuelo, y las situaciones donde no hallamos gusto para los cinco sentidos; 

3. Penitencias: son muy diversas, como el ayuno, un poco más de oración y de silencio, lo que significa privarse de ciertas comodidades.

Asimismo, algunas pruebas como la enfermedad, el desempleo y las tensiones en el seno de la familia, que, enfrentadas con la valentía de la fe cristiana, no tendrían que llevarnos al desaliento, sino a una purificación interior y más entusiasmo para seguir a Cristo; 

4. Promesa de la tierra nueva: no estamos “para siempre” en esta situación, pues estamos caminando para la visión bienaventurada del Señor. Tener conciencia de que somos solamente peregrinos en este mundo, así como solo administradores de los bienes que usufructuamos.

Esta convicción tendría que llevarnos a un compromiso más acentuado con la justicia social y con el cuidado del bien común.

La unción de María, hermana de Lázaro 

Seis días antes de la Pascua Jesús participó de una cena en casa de su amigo Lázaro, y su hermana María tomó un frasco de perfume de mucha calidad y precio, ungió los pies del Señor, y lo secó con sus cabellos.

Recordemos que, antiguamente, los gladiadores de la arena ungían su cuerpo antes de la lucha, como modo de reforzar y dar agilidad a la naturaleza humana. De cierta manera, también esta unción es un preparativo y fortalecimiento para los duros días que van a llegar para el Salvador.

El perfume de nardo que ella usa no solo es un aroma de vida, sino también un signo de la realeza de Cristo, aunque lo manifieste esto de una manera no convencional para la sociedad capitalista.

Asimismo, de acuerdo con las costumbres que ellos tenían, el cuerpo de un fallecido debía ser preparado para ser enterrado, lo que significaba ser embalsamado. Y Jesús lo reconoce afirmando: “Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.” 

San Pablo va a usar una expresión muy feliz: “Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo” (2 Corintios 2,15), es decir, como la fragancia que María usó para Cristo se esparció por todo el recinto, asimismo el compromiso que todo cristiano debe tener hacia el bien común debe alcanzar y transformar el país.

Por ello, el papa Francisco entregó con especial afecto a los jóvenes el “Docat”, que es el catecismo de la doctrina social, que afirma en el número 48: “La persona humana solo puede sobrevivir y desarrollarse con la ayuda de otras personas. El ser humano está llamado no solo a vivir una buena relación con Dios, sino también debe tratar de vivir en buena armonía con los demás. Esto comienza con la familia, se prolonga en el círculo de amistades y desemboca en la sociedad. Es esencial para entender la dimensión social de la persona humana comprender que hemos sido creados como hombre y mujer”. 

Que nuestra “unción” a Cristo en el siglo XXI sea el empeño para construir una sociedad de acuerdo con el espíritu de las bienaventuranzas.

Paz y bien

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