Mitos y verdades sobre el paraguayo

¿Qué virtudes y defectos definen al hombre paraguayo? Es el tema que abordamos en esta segunda y última de la nota con el escritor Carlos Villagra Marsal.

Aparte de ser mestizos biológicamente, los paraguayos tenemos mucho de un mestizaje cultural, que viene de los antepasados: desde la habilidad de zafarse de las situaciones hasta la gran hospitalidad. No obstante, habría que diferenciar un ser paraguayo rural en decadencia y el citadino, con múltiples cambios y circunstancias. Tampoco pasa por alto la gran "diversión nacional" de todos estos años: la búsqueda de plata yvyguy (tesoro escondido).La idiosincrasia del paraguayo ha sido señalada ya en son de broma –más que en otro sentido– por nuestro querido y llorado amigo Helio Vera en su libro "En busca del hueso perdido", expone Villagra Marsal.

Pero para determinar el ser radicalmente paraguayo habría que separar el ser rural, que está en franca decadencia o con pérdidas de muchas de sus virtudes, y el ser urbano, la burguesía, los que vivimos en la ciudad, y la enorme población marginal producto de los que  vinieron del campo a la ciudad, dice.  

En todo caso, el paraguayo típico –cita– es un hombre reservado, naturalmente desconfiado. Incluso, con subterfugios para no ser abordado o investigado de alguna manera, como ocurre cuando muchos médicos auscultan  a pacientes que van a hospitales rurales. Hay una gran astucia en él para salirse de  situaciones y aprietos. Cuando fueron reprimidas las Ligas Agrarias, muchos tuvieron la astucia, la habilidad natural para hacerse de los imbéciles, estúpidos... Y engañaron a los propios represores, a los pyragues, con una manera muy buena, muy fina de zafarse del embrollo.

Otra cosa que le viene al paraguayo de su contacto con el mundo primitivo, del neolítico, es el hecho de ser y actuar como "mestizos culturales". ¿Cómo se explica? De mestizos biológicos hay una gran mayoría, pero culturales todos, incluso los recién llegados después de unos años a este país se vuelven mestizos culturales. Por ejemplo, cuando hay que "eliminar" a un enemigo, si es posible a traición, con el "guasu apípe". Esto significa que al venado se lo mata a traición, aunque ello para el paraguayo no sea un delito porque le viene de sus ancestros. "Nadie se va a acercarle a un venado para cazarlo de frente, ni con el viento en contra para que lo huela, sería un grandísimo torpe", acota.

Para Villagra Marsal, el tema de la delincuencia es muy posterior al ser paraguayo y es producto de la inadaptación a la ciudad, la falta de trabajo. "Siempre han habido éxodos políticos, pero en los últimos años se dieron éxodos económicos. En ese sentido, este es un país miserable porque no puede dar trabajo a sus hijos y los obliga al éxodo".

Ser generalmente sobrio también es una característica del paraguayo por una larga tradición virtuosa. En contrapartida, también menciona que hay una gran tendencia al manejo abusivo del poder, a seguir la antigua prepotencia del oficial de compañía que salía con un tejuruguái a pegarle a todo el mundo. "Y también en los últimos tiempos, un gran desapego a las leyes, a la institucionalidad y  grandes dificultades de consenso, están caracterizando al paraguayo", sostiene.

El investigador señala que los 35 años de dictadura de Alfredo Stroessner han pesado bastante en la conducta del paraguayo. "Antes de Stroessner existía el mboriahu ryvatã (pobre satisfecho), situación de la cual los paraguayos de gobiernos colorados y liberales anteriores se sentían orgullosos. "Ahora se trata por todos los medios de hacerse de algo, lo cual es legítimo trabajando, pero muchos quieren tener alguna otra ventaja para apoderarse de la cosa pública que está a su cargo", advierte.

¿Y la apatía del paraguayo? Es un cuento que manejaron con el mismo criterio los conquistadores españoles y los posteriores, los conquistadores económicos. "En muchos sentidos, somos víctimas también de los imperialismos", subraya.

Que los paraguayos sean haraganes o no quieren trabajar es otro  mito. "El paraguayo es una persona muy guapa en el trabajo y la prueba más palpable se ve en quienes salen al exterior para trabajar", responde al mencionar que "lo que enfrenta el paraguayo para demostrar su laboriosidad es la falta de oportunidades, la falta de fuentes de trabajo y la solución de problemas fundamentales como educación y salud".

La hospitalidad es una de las virtudes que se mantienen invariable, sobre todo en el campo: Se conserva también ese espíritu de projimidad, como se le llama en Paraguay, de solidaridad con el semejante. No es raro llegar a un ranchito perdido del interior, donde solo se accede en carreta o a caballo y  nunca falta un tipo que salga a dormir afuera y ofrezca su casa con la frase "nde rógape guáicha, karai" (como en tu casa, señor). "Esas manifestaciones continúan y hablan muy bien del Paraguay y del paraguayo".

De escuchar hoy frases tan diametralmente opuestas como "no existe otro país como el Paraguay" ante el "estamos en Paraguay" o "solo pasa en Paraguay", Villagra Marsal alega que, muchas veces, la sobrevaloración del país es producto de la nostalgia para quienes están afuera. "Nuestra verdadera Patria es la Patria de la infancia y eso vamos a añorar siempre. Para muchos Paraguay es el paraíso y para otros –que tienen gran facilidad de desarraigo, a veces con razón– este país no les ha dado nada". Aquí cita que ha escuchado frases como: "ni mis huesos tendrá este país", mientras otros solo piensan en volver alguna vez.

Del "país de los amigos" el escritor señala que una entidad colectiva que se guíe por el amiguismo es contrario a la institucionalización, más todavía de un país, y agrega que el nepotismo empezó con el régimen de Alfredo Stroessner. "El Paraguayo no era así. Hay que ver la lista de gente importante, diputados y senadores de años anteriores, incluso del siglo XIX, que consideraban grave que uno llamara a un hermano a ocupar un cargo público".

Destaca que existen héroes de hoy en Paraguay, héroes culturales, económicos y gente de trabajo, humilde, sencilla que sin pedir nada a nadie están manteniendo y que son como el cimiento de nuestra nacionalidad. "La gente que quiere a su país, que quiere verlo mejor  y que hace algo".

Considera que hoy día  ser apolítico es "ser un gusano", es no interesarse por la marcha de la sociedad. "Lo que se puede es ser, y con razón legítima, apartidario, independiente de toda facción, pero apolítico no. Todos tenemos que interesarnos por la política y la democracia".

A si ¿somos independientes o soberanos en vísperas del Bicentenario?, Villagra Marsal responde que "económicamente no, de ninguna manera", pues  dependemos de muchos factores absolutamente externos a nuestro propio desarrollo, a nuestro propio sentido de convivencia y a nuestro propio accionar como país. "No somos indepen- dientes energéticamente. Estamos en una situación humillante de inferioridad con respecto al  presente y futuro energético".

Los 200 años de vida independiente, dice, deben ser un punto de inflexión para decidir qué hacer desde el punto de vista político, institucional y económico. "Creo que todavía hay un principio al que nos va a costar llegar, el que hemos tenido durante nuestras dos contiendas bélicas: el principio de la unidad nacional, unidad ante la desgracia, ante las  tragedias, las catástrofes, la miseria, etc., sobre todo en el ámbito político".

Al considerarse  "optimista por naturaleza", el Prof. Carlos Villagra Marsal  alienta a los jóvenes a que en estas fechas tan importantes de la vida nacional "se inserten en el gran motor decisorio del país".  Si es necesario hacer política, que hagan y que busquen conciliar con sus actividades: "Primero hay que vivir y luego filosofar, una vez que se tenga asegurado el pan, pero no pretenderlo todo de una vez. Que intervengan en la marcha del país en el campo profesional, cultural, económico, el que sea".

1-  Ser  sobrio  es una característica del paraguayo por una larga tradición virtuosa. En contrapartida, también  hay una gran tendencia al manejo abusivo del poder, a seguir la antigua prepotencia del oficial de compañía que salía con un tejuruguái (látigo) a pegarle a todo el mundo.

2- El nepotismo empezó con el régimen de Alfredo Stroessner. "El paraguayo no era así. Hay que ver la lista de gente importante, diputados y senadores de años anteriores, incluso del siglo XIX, que consideraban grave que uno llamara a un hermano a ocupar un cargo público".

3- Existen héroes de hoy en Paraguay: héroes culturales, económicos y gente de trabajo, humilde, sencilla, que, sin pedir nada a nadie, están manteniendo y que son como el cimiento de nuestra nacionalidad: la gente que quiere a su país, que quiere verlo mejor y que hace algo.
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