En el año 2011, los festejos por el bicentenario de la independencia patria llenaron de gente las calles del centro de Asunción. Fueron días de celebración colectiva difíciles de olvidar: a toda hora había familias caminando por las calles, algunas habitualmente lúgubres. La gente recorría las plazas y los edificios históricos. La ciudadanía se apropió de las calles y los espacios públicos, sin miedo y con todo gusto.
Algo de ese impulso quedó firme en el microcentro, que hoy es escenario de una serie de iniciativas ciudadanas que buscan volver a darle la vida y la importancia que se merece.
Desde luego, el centro nunca ha sido abandonado del todo. Sigue siendo sede de muchas oficinas públicas y casas centrales de varias empresas. Pero es un lugar al que la mayoría de la gente va a trabajar y del que se “huye” ni bien terminada la jornada laboral.
En el borde justo del microcentro, en una de las siete colinas de Asunción, se encuentra el barrio San Jerónimo. Es uno de los más antiguos de la ciudad e incluso se cree que allí se fundó la ciudad. Pero desde este año es el “primer barrio turístico” de Asunción. Sus casas y comercios están pintados de colores vivos, que invitan a recorrer sus callecitas angostas y descubrir vistas espectaculares de la bahía.
San Jerónimo es un lugar con encanto, que nació como un rancherío y hoy es un barrio con historia e identidad, lleno de recovecos. Un centro de información, propiedad de la familia Echagüe, ayuda al visitante a disfrutar al máximo de la experiencia.
“Salvame”, “Vivime”, “Respetame”, “Quereme”, “Arreglame”... en diciembre de 2012 unos carteles con estas leyendas humanizantes desplegadas sobre las fachadas de casas abandonadas sorprendieron a los transeúntes de la calle Oliva. La intervención fue una protesta positiva de los arquitectos Natalia Antola y Christian Ceuppens, quienes buscaron y lograron llamar la atención de habitantes y visitantes del centro sobre la dejadez que sufre el patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Los intentos de recuperar este legado se pueden ver en diferentes puntos del microcentro, aunque todavía son casos aislados. Un ejemplo es el antiguo hotel Hispania (Cerro Corá 246), que ha sido recientemente restaurado; y la esquina de Estrella y Chile, donde en el edificio neoclásico en el cual funcionaba una farmacia se acaba de inaugurar un restaurante.
Los ciclistas urbanos también han decidido apropiarse de los espacios que ofrece el microcentro, como ellos saben hacerlo: sobre dos ruedas y con alegría. El grupo Bicicentro, conformado por gente de la zona y barrios vecinos, pedalea en masa todos los lunes, miércoles y viernes. El punto de partida es el Panteón Nacional de los Héroes (Palma y Chile). El grupo sale a las 20 y toma diferentes itinerarios, que casi siempre incluyen la nueva costanera y aprovecha la poca circulación de automóviles que se registra al caer la noche. “Queremos desmitificar la idea de que el centro es peligroso, que de noche no se puede venir. Es muy importante que nosotros los asuncenos nos apropiemos de los espacios que ofrece la ciudad”, dice Fernando Rodríguez, miembro del grupo.
Lanchas de la Bahía es una iniciativa que partió del sector privado (las agencias Ojo de Pez y Social Cherry son las responsables) y que se puso en marcha el año pasado. La idea es sencilla: promocionar las lanchas que parten del Pontón de la Marina, en el Puerto de Asunción, con destino a los muelles de Chaco’i. El viaje dura una media hora y el pasaje cuesta apenas cuatro mil guaraníes (ocho mil ida y vuelta). Las lanchas se pueden abordar de lunes a domingo de 6:30 a 19:00. Esta actividad integra a la ciudad con el río, y con su vecino Chaco’i. Gracias a la promoción que obtuvo, mucha gente surcó por primera vez las aguas del Paraguay y aunque no se desarrolla en el centro de la ciudad, es una buena excusa para llegar hasta él.
La nueva onda que está cobrando el centro también está siendo aprovechada por los comercios. Un ejemplo son los restaurantes que se han abierto en los últimos tiempos, como el coreano Seúl (Chile entre Oliva y Gral. Díaz) o las sucursales de cadenas como Bellini (Palma c/ 14 de Mayo) y en noviembre pasado TGI Friday’s (Estrella y Alberdi). Este año se abrió Tutti Pasta, en la restaurada esquina de Estrella y Chile. En Palma y Montevideo, en la planta baja del antiguo Palacete Heyn, se acaba de abrir el bar El Poniente.
El Mercado de Pulgas que se monta los domingos, de 9:00 a 14:00, entre Palma e Iturbe es una de las actividades más arraigadas en la tradición del microcentro. Próxima a cumplir veinte años, reúne a feriantes de la Asociación de Coleccionistas del Paraguay, que exponen y venden allí todo tipo de objetos: monedas, muebles, artículos de uso cotidiano o de decoración. Este es un pasatiempo para coleccionistas, pero también es visitado por familias y turistas. Si se está corto de fondos, simplemente se puede ir a curiosear y escuchar las historias de los feriantes.
Puerto Abierto comenzó el año 2011 en el puerto de Asunción, y aunque este año aún no se realizó, es responsable de hacer que mucha gente volviera al centro. Congrega diferentes tipos de actividades y se autodefine como “un espacio público saludable, justo y solidario, con actividades recreativas y culturales”. Al principio todos los sábados y últimamente una vez al mes, este emprendimiento reúne a productores, artistas, artesanos y pequeños emprendedores en una jornada al aire libre, con vista al río Paraguay. En los últimos tres meses del año 2012 se sumó a cada edición de Puerto Abierto la Masa Crítica de Asunción, un paseo en bicicleta que busca reclamar espacios para los ciclistas. Llegó a reunir a 500 personas en bicicleta.
Aunque no son sistemáticas, hay otras actividades que parten de distintas personas o grupos que tienen el microcentro como escenario. Entre ellos, la proyección de audiovisuales al aire libre, usando como pantalla una de las paredes del Panteón Nacional. También se realizan maratones fotográficos en el centro histórico de Asunción. Las personas salen a capturar imágenes de los sitios más clásicos del centro: la estación del Ferrocarril, el Hotel Guaraní, la Catedral y otros. ¡Y hasta se realizan marchas zombies! El Zombie Walk tiene como punto de partida la escalinata.
Cada una de estas iniciativas –y las que sin duda se sumarán cuando se habilite completamente la Costanera de Asunción– pone su parte para que la ciudadanía vuelva al centro de la capital del país, antiguo, pero lleno de tesoros por descubrir.
