La primera infancia constituye una etapa especialmente vulnerable. Los niños y niñas de 0 a 8 años forman el 21% de la población total y requieren cuidados especiales en cuanto a nutrición, vacunación y estimulación educativa para un sano desarrollo. Uno de los más graves problemas que afecta a este grupo etáreo es la desnutrición, especialmente en poblaciones rurales, en familias en situación de pobreza extrema y niñez indígena, según datos oficiales de Global Infancia.
A esta inquietante realidad se suma el insuficiente seguimiento del desarrollo evolutivo de los bebés, y por lo tanto la ausencia de diagnóstico precoz de discapacidades en los lactantes y niños pequeños, especialmente en zonas rurales y pobres urbanas, así como la casi total inasistencia de centros públicos de atención y rehabilitación precoz.
En total, están registrados 5.784 niños y niñas de 0 a 9 años con alguna discapacidad, donde predominan los trastornos sensoriales, los motores y el retardo mental, cuyas principales causas son los problemas relacionados con el nacimiento. Muy pocos están escolarizados, y los que están, en su mayoría lo hace en instituciones especiales, aunque lo recomendable para garantizar una verdadera inclusión, es que asistan a escuelas regulares.
La educación registra algunos avances en la inscripción temprana de los niños y niñas en el sistema escolar. La cobertura bruta del preescolar es de 82% en 2009, mientras la cobertura neta, considerando los matriculados de 5 años, es de 70. Sin embargo, si se desagrega el total de matriculados en la educación inicial, se puede percibir que del total de 156.481 matriculados en 2009 en este nivel, el 1,5% corresponde a maternal; el 2,8% a prejardín; el 19,9% a jardín de infantes y el 75,8% a preescolar.
Por otra parte, hay que analizar la calidad de esta educación preescolar, dada la particular pedagogía que estas edades requieren, y por lo tanto la necesidad de contar con profesionales altamente cualificados para obtener resultados óptimos.
Otro aspecto que se debe señalar es que la franja de edad de 3 a 5 años es la que más sufre situaciones de maltrato familiar. Por otro lado, los niños/as en instituciones de abrigo y los que se inician en el trabajo con sus familias a estas tempranas edades, en contextos urbanos o rurales, son de gran vulnerabilidad.
