Era obra de la Administración Nacional de Telecomunicaciones (Antelco) que paralelamente lanzó su servicio de pronóstico del tiempo llamando entonces al 19 (hoy 119).
“El reloj floral es accionado por un motor sincrónico conectado a 220 voltios, red corriente alternada. Tiene 5 metros de diámetro y consiste en un lecho de flores mezclado con pequeñas plantas y piedrecillas”, decía la crónica de ABC Color del 14 de mayo de 1970.
Las manecillas eran de un material liviano y el segundero se movía permanentemente.
“Relojes similares de la fábrica Favag de Suiza se encuentran en Ginebra, Interlago, Lausanne y Neuchatel. En otros países se encuentran relojes similares en Viena, Frankfurt, Bologna, Madrid, Barcelona, Turín, Catania, Beirut, Chiraz (Irán), Santa Cruz (Canarias), Nueva York, Viña del Mar y otros lugares”, señala la nota.
Al anunciar una remodelación del Palacio en 1995, la presidencia de Juan Carlos Wasmosy decidió retirar el reloj y reemplazarlo por el mástil de 40 metros de altura. El reloj, en teoría, debía repararse e instalarse en el Parque Ñu Guasu. “El jardín del palacio contará en adelante con un arreglo floral permanente que represente los colores del escudo nacional”, habían informado.
Hoy el “reloj floral” yace bajo una lápida de baldosones de cemento y cantos rodados.
